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Mujeres Inmigradas

Machismo global

Por : Maricel Chavarria.
24 de agosto de 2007

((Machismo global))

Mientras la tasa de agresores españoles disminuyó un 20,8%, la de extranjeros sólo lo hizo un 6,3%. El debate sobre el efecto de la ley de violencia de género puede desarrollarse en muchos terrenos y uno de los menos explorados es el que tiene en cuenta hasta qué punto los mensajes de sensibilización y la ley contra este tipo de violencia llegan al conjunto de la población. Al parecer, calan más y tienen más efecto las actuaciones entre la población autóctona que entre la inmigrante. Así se deduce del análisis de diferentes estadísticas sobre violencia machista.

Para empezar, los datos del Instituto de la Mujer confirman una tendencia alcista en el número de homicidas de nacionalidad extranjera: si en el año 2003 se contaban 11 inmigrados de entre 58 homicidas, a mediados de agosto del 2007 ya son 15 los de origen extranjero sobre un total de 49. El porcentaje de inmigrados que han matado a su pareja o ex pareja aumenta sobre el total, lo que no deja de ser lógico, teniendo en cuenta que la población inmigrada crece más que la autóctona. Sin embargo, observando la tasa de agresores se confirma que sigue siendo mucho más significativa la de hombres de origen extranjero (sobre el conjunto de no nacidos en España) que la de autóctonos.

He aquí un ejemplo: si en los dos años previos a la aprobación del texto legal, esto es, el bienio 2003-2004, la tasa media de agresores españoles era del 2,4 por cada millón y la de extranjeros, del 9,5 por cada millón de hombres inmigrados, en el periodo 2005-2006 (una vez entrada en vigor la ley en diciembre del 2004), esas tasas disminuyeron a 1,9 y a 8,9, respectivamente. Es significativo que mientras la variación era de un 20,8% menos entre los españoles, la mejora entre los extranjeros se quedó en un 6,3%. Así se deduce de un informe sobre la violencia sexista en España encargado por la Junta de Andalucía.

“Parece que nuestro mensaje contra la violencia de género no llega a los extranjeros, no atendemos a sus peculiaridades y sus elementos de identidad. Deberíamos tenerlos en cuenta para tratar de llegar a ellos con las medidas preventivas necesarias”, afirma Miguel Lorente, director general de asistencia jurídica a víctimas de violencia en Andalucía.

La clave para analizar el comportamiento de este agresor homicida es, cómo no, la cultura patriarcal; una cultura de hombres, con sus claves y sus referencias culturales, donde predominan la posesión, el dominio, el control de la mujer. Y ¿qué hay tras esa construcción de dominio? Lorente recuerda que en el fondo está movida por elementos básicos, instintivos, aquellos que desarrolló el hombre en tiempos remotos para, a fin de controlar su descendencia, tener controlada a la mujer.

Pero insistamos en lo que desencadena en estas personas el impulso de matar a la mujer. Se sienten humillados. ¿Por quién? ¿Quién les juzga? Lorente apunta que es la crítica de otros hombres lo que les hace sentir heridos en su ego y cuestionados en su entidad. A los potenciales agresores no les importa la crítica que procede de las mujeres, a ellas saben que las van a poder dominar con la violencia, pero lo que no asumen es ser considerados mariquitas, calzonazos...”Y eso a veces ni siquiera es verdad, un inmigrante probablemente no se encuentra con eso pero es un valor que corre por dentro; él siente que se ha producido y es tan eficaz como si un grupo de hombres se estuviera riendo de él a la salida de un bar”.

En la situación del potencial homicida extranjero pueden influir diversos factores: para empezar, que la idea de posesión de la mujer y del hombre como referentes esté más arraigada en sus valores. Pero también hay que ver si aquí carece de fuentes de apoyo externo como pueden ser familia, trabajo, amistades... si se siente desubicado respecto al planteamiento vital que había hecho con su pareja, a la que probablemente necesita de una forma más cercana que otros que cuentan con apoyo externo.

“A menudo esas personas se relacionan en grupos reducidos y de su misma nacionalidad, y cuando algo así les pasa, el ego herido y la identidad perdida se manifiestan de manera más crítica”, apunta Lorente. “Esto hace que necesiten resolver su problema con más inmediatez”. “Matándola”, concluye.

Si se analiza en profundidad, lo que ese hombre no admite es perder la exclusividad de esta mujer. Por eso la separación es un momento de riesgo. Percibe que ya no es suya y responde con ’o eres mía o de nadie’”.

Pero existe además un tercer factor explotado por esos homicidas para maltratar a su pareja o ex pareja: buscan sentirse víctimas de una instrumentalización y le recuerdan a la mujer: “Yo te saqué de tu pueblo, sin mí serías una desgraciada, lo he dado todo por ti...” “Perciben que toda la relación ha sido - explica Lorente- una utilización interesada por parte de ella”.

Sensibilizar a la población de origen extranjero respecto a esta cuestión merece, según este médico forense, un esfuerzo para conocer y atender a sus peculiaridades. No deberían faltar, en este sentido, campañas que tuvieran por objetivo alcanzar por lo menos a las mujeres de las poblaciones inmigradas, así como a las personas cercanas a potenciales situaciones de agresión.

Sin ir más lejos, el último homicida de su ex pareja, en Gandia, tenía una orden de alejamiento. Era rumano. Lorente considera que en este caso debería haberse valorado el riesgo: “Un equipo forense debería haber analizado el caso de forma individual para ver si una orden de alejamiento era suficiente para hacer frente al riesgo de homicidio. Hay que observar también factores como la separación, o que ella rehaga su vida, que tenga una nueva pareja... son factores de riesgo, sobre todo tratándose de extranjeros”.

¿Cuál debería haber sido la actuación en este caso de Gandia, en el que la víctima tenía 20 años y niño pequeño? Lorente asegura que en lugar de una orden de alejamiento “podríamos haber observado la prisión preventiva, algo que hubiera sido mucho más complicado de no haber llegado el caso al juzgado”.

“Hay que ver cómo es la persona, si tiene apoyos externos, si es violento, si es drogadicto... la clave está en individualizar. Si aplicas medidas generalizadas, funcionarán a veces, pero otras no. Y no se trata de criminalizar a los hombres, sino de actuar sobre la persona peligrosa, la que pierde el control. El protocolo debe contemplar eso y la unidad de valoración integral para la violencia de género debe tenerlo en cuenta y no precipitarse. Si hay elementos de riesgo o sospecha, hay que obrar como con otros delincuentes a los que se detiene, incluso a veces por elementos puramente procesales, para que no afecten a una investigación. Y aquí hablamos de evitar cometer un delito que puede acabar en muerte”, concluye Lorente.

MARICEL CHAVARRÍA

Fuente :

((La Vanguardia)),

Barcelona

23 de agosto de 2007