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Desarrollo Humano en el Mundo Arabe

“Hacia la Mejora del Estatus de la Mujer en el Mundo Árabe"

4to Informe del PNUD
12 de marzo de 2007

RESUMEN EJECUTIVO

Introducción

“Hacia la Mejora del Estatus de la Mujer en el Mundo Árabe” es el cuarto de la serie de informes sobre Desarrollo Humano Árabe (AHDR, en sus siglas en inglés) que patrocina el PNUD. El informe ofrece un análisis riguroso de los déficit de desarrollo que afectan a la región a través del estudio de las carencias que limitan la promoción de la mujer.

El Informe arranca con una revisión de las tendencias de desarrollo en la región durante el período estudiado. El análisis del tema principal comienza esbozando algunos conceptos centrales y definiendo las cuestiones en las que se enmarca la dimensión de los derechos humanos y del desarrollo humano de la emancipación de la mujer en los países árabes. El Informe ofrece a continuación un análisis situacional del estatus de la mujer en las sociedades árabes, centrándose en la adquisición y el ejercicio de las capacidades fundamentales y los consiguientes niveles de bienestar.

Tras una evaluación de los logros y limitaciones históricas de los movimientos por la liberación de la mujer en los países árabes, los capítulos centrales estudian la interacción entre la esfera cultural, religiosa, socioeconómica, jurídica y política de las sociedades árabes, que influyen sobre el estatus y las perspectivas de la mujer. El Informe concluye con una visión estratégica que proporciona una serie de directrices generales destinadas a promover el progreso de las mujeres en la región.

I. CAMBIOS EN EL DESARROLLO HUMANO DESDE LA PUBLICACIÓN DEL AHDR DE 2004

Como en ocasiones anteriores, el presente Informe comienza revisando los acontecimientos nacionales, regionales e internacionales que más han influido en el rumbo general del desarrollo humano árabe desde la publicación del Informe anterior.

EL PROCESO DE REFORMA Y LOS MOVIMIENTOS ISLÁMICOS: RECONCILIAR LIBERTAD Y FE

La implantación de reformas políticas amplias y profundas que conduzcan a una sociedad en la que impere la libertad y el buen gobierno, es la vía para crear una sociedad libre, en el sentido más amplio de la palabra, que se traduzca a su vez en desarrollo humano (Informe de Desarrollo Humano Árabe, 2004). Para que dicho proceso de reforma exhaustiva pueda implantarse y culminarse con éxito, es necesario que se cumplan tres condiciones básicas: todos los grupos implicados en la reforma han de respetar las libertades fundamentales (opinión, expresión y asociación); aceptar el principio de participación para incluir a todas las fuerzas de la sociedad, sobre todo aquellas que cuenten con un fuerte apoyo popular; y respetar los principios de los derechos humanos universales.

Ningún poder político puede ignorar el hecho de que la religión, y especialmente el islam, es un elemento crucial del tejido cultural y espiritual del pueblo árabe. Sin embargo, reabrir la puerta del pensamiento jurídico independiente, promoverlo y consolidarlo siguen siendo requisitos fundamentales si se desea materializar una unión creativa entre libertad, en su definición más amplia y actual, y el fin último de la ley islámica (la Shari’a), una unión a todas luces necesaria para alcanzar una sociedad donde reine la libertad y el buen gobierno.

Los movimientos islámicos que aboguen por el renacimiento del mundo árabe deberán incorporar a sus agendas y responsabilidades la necesidad de asumir un papel preponderante en dicho proceso.

Los movimientos islámicos constituyen un abanico muy amplio, con numerosas diferencias a nivel interno. En los países árabes, la gran mayoría de movimientos islámicos representan importantes fuerzas sociales y tienen profundas raíces populares entre sus ciudadanos como resultado del legado de acciones sociales y políticas adoptadas durante un largo período de tiempo.

Durante las últimas cinco décadas, los movimientos dominantes han modificado sustancialmente su posición de cara a ciertas cuestiones sociales, como el respeto de los derechos humanos, el bueno gobierno o la democracia, que serán cruciales para el futuro. Como consecuencia de dichos cambios de postura, resultará imposible tacharlos de teocráticos si alcanzan el poder. Paralelamente, la mayoría de estos movimientos están experimentando un desarrollo notable de un liderazgo que podríamos describir como progresista entre sus generaciones más jóvenes, en un momento en el que dichas generaciones están alcanzando, cada vez más, lo más alto de la organización jerárquica.

Asimismo, existe una actividad creciente entre las bases, que exigen una mayor democracia interna. Sin embargo, el hecho de que se hayan producido estos desarrollos positivos no significa que los principales movimientos islámicos hayan logrado disipar las dudas de otras fuerzas sociales de los países árabes, que temen el impacto negativo que dichos movimientos puedan tener en términos de libertad y buen gobierno y, más concretamente, en lo que respecta a la situación de la mujer y de las minorías, si consiguen llegar al poder.

Las organizaciones de la sociedad civil árabe han adquirido una mayor presencia, lanzándose al espacio público con una fuerza e impacto cada vez mayores. Los gobiernos árabes anunciaron una serie de reformas destinadas a promover la libertada y el buen gobierno, la mayoría de las cuales quedaron en el plano más superficial de sus ambiciosas agendas.

Las reacciones negativas que puedan tener las fuerzas hegemónicas, tanto dentro como fuera del mundo árabe, con respecto a los resultados de la reforma que no consideren aceptables siguen siendo uno de los elementos que pueden ralentizar de forma más significativa el ritmo de las reformas en los países árabes. A modo de ejemplo, cabe mencionar el rechazo por parte de algunos regímenes árabes y fuerzas globales de la abrumadora victoria cosechada por el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) en las elecciones legislativas palestinas, que se consideraron libres y justas. Una respuesta semejante se produjo tras el éxito de los Hermanos Musulmanes en las elecciones legislativas celebradas recientemente en Egipto.

EL AUGE DEL ACTIVISMO EN LA SOCIEDAD CIVIL

Las organizaciones de la sociedad civil árabe han tenido una presencia más destacada, lanzándose al espacio público con una fuerza e impacto cada vez mayores. Al expresar posiciones firmes a través de la prensa independiente, televisión vía satélite, mítines públicos, reuniones privadas y también en Internet, demostraron una fuerte solidaridad hacia los movimientos políticos y, en ocasiones, la capacidad para adoptar un papel predominante en el impulso del cambio político.

El movimiento egipcio Kifaya! (Suficiente) se opuso abiertamente a la reelección del presidente y al traspaso del poder a manos de su hijo, buscando el apoyo de todas las fuerzas del panorama político, incluidos los Hermanos Musulmanes, la Unión Nacional para el Cambio Democrático y la Alianza Nacional para la Reforma y el Cambio para poner fin a la sucesión hereditaria.

En Líbano, los grupos que reclamaban reformas estatales e institucionales que dotaran a los ciudadanos de una mayor voz y representación irrumpieron en la escena política y en el debate público.

En Siria, distintos grupos de la oposición aunaron esfuerzos para emitir la Declaración de Damasco, en la que instaban al partido gobernante a adoptar cambios de gran alcance en la Constitución, el proceso de referendos presidenciales y la alternancia en el poder. Durante dicho período, la acción civil en la región ha estado caracterizada por un creciente pluralismo y una mayor penetración de Internet, lo cual es indicativo de una reafirmación y un sentido del deber público renovado en la sociedad civil.

DESMINTIENDO LAS REFORMAS

Los gobiernos árabes anunciaron una serie de reformas destinadas a promover la libertad y el buen gobierno, la mayoría de las cuales quedaron en el plano más superficial de sus ambiciosas agendas. Algunos regímenes limitaron seriamente el alcance de las reformas implantadas, mientras que otros continuaron violando los derechos humanos y políticos al tiempo que decían adoptar cambios de gran alcance. Los observadores apuntaron que las reformas eran a menudo gestos vacíos que encubrían la permanencia de un statu quo opresivo.

Una oleada de elecciones mayoritariamente irregulares Una serie de procesos electorales, en su mayoría obstaculizados por circunstancias adversas o marcados por irregularidades, se han celebrado en la región durante este período. Contra todo pronóstico, el resultado de las elecciones celebradas en el territorio palestino ocupado, que se consideraron fundamentalmente libres y justas a pesar de las duras condiciones de la ocupación y las fuertes presiones externas, fue una victoria para Hamás.

En Iraq, las elecciones a la Asamblea Nacional transitoria se celebraron en enero de 2005 en medio de una grave crisis de seguridad y una campaña terrorista contra candidatos y votantes. Con todo, casi el 70% de los votantes iraquíes decidieron ejercer su derecho al voto en las elecciones de diciembre de 2005 a la Asamblea Nacional, que estuvieron marcadas por el fraude y el robo de urnas electorales.

Arabia Saudí, por su parte, vivió las primeras elecciones al consejo municipal, un paso progresista que se vio minado por la exclusión de las mujeres y las restricciones en la proporción de miembros del consejo designados por votación popular.

En Egipto, el Artículo 76 de la Constitución fue enmendado para dar luz verde a las elecciones presidenciales con múltiples candidatos. No obstante, dicha enmienda estuvo acompañada de una serie de restricciones, de ahí que pareciera más bien una codificación formalizada del sistema de referendos existente para el nombramiento del presidente. Algunos partidos autorizados de la oposición boicotearon las elecciones presidenciales posteriores, que se tradujeron en una amplia victoria para el partido que ostentaba el poder. Su aspecto más relevante, a tenor de las estadísticas oficiales, es que el índice de participación apenas alcanzó un 25% de las personas con derecho a voto. Los jueces que supervisaron las elecciones parlamentarias que se celebraron con posterioridad detectaron irregularidades a favor de los candidatos del partido gobernante en dos circunscripciones decisivas. Evidentemente, la reforma electoral en la región todavía ha de recorrer un largo camino para que las elecciones se conviertan en un componente de una sociedad caracterizada por la libertad y el buen gobierno.

SE AGRAVAN LAS VIOLACIONES DE LOS DERECHOS HUMANOS EN LOS PAÍSES ÁRABES

-  VIOLACIONES DERIVADAS DE LA OCUPACIÓN Y LOS CONFLICTOS ARMADOS NACIONALES

Las violaciones de los derechos humanos individuales y colectivos aumentaron durante el período estudiado. Se produjeron graves abusos bajo la ocupación extranjera, siendo las mujeres quienes más han sufrido, en un clima marcado por el deterioro de las condiciones humanitarias, la difusión de la anarquía y las violaciones, y las penurias derivadas de la separación del marido, sostén de la familia, durante los conflictos o largos períodos de detención. Los conflictos nacionales armados fueron otro escenario en el que se cometieron graves violaciones de los derechos humanos, siendo las mujeres especialmente vulnerables a las violaciones y los asesinatos, no sólo durante los ataques militares sino también mientras huían o emigraban.

Los movimientos internacionales dedicados a la defensa de los derechos humanos han condenado atrocidades perpetradas por fuerzas gubernamentales y sus aliados, además de fuerzas rebeldes, de una gravedad equiparable a la de los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad. Somalia, por su parte, ha permanecido sumida en conflictos armados y en una situación de anarquía que se ha cobrado la vida de un número elevado de civiles.

Las violaciones de los derechos humanos individuales y colectivos se agravaron durante el período estudiado. El gobierno de un país árabe lanzó una campaña militar de gran alcance para reprimir una rebelión encabezada por el líder de un grupo de la oposición en una provincia. En términos más generales, los conflictos políticos han sido otro foco de violaciones de los derechos humanos. En este contexto, han sido tres los gobiernos árabes que han revelado golpes de Estado fallidos, que han conducido a enjuiciamientos y duras sentencias.

-  VIOLACIONES DE LAS LIBERTADES PÚBLICAS Y LAS LIBERTADES DE OPINIÓN Y EXPRESIÓN

Las libertades públicas en la región, especialmente las de opinión y expresión, han estado sometidas a presiones cada vez mayores. En un gesto perentorio, un Estado del Golfo retiró la nacionalidad a varios miembros de un clan. A la luz de las presiones locales e internacionales suscitadas, dicho Estado terminó cediendo y readmitió a algunos miembros y nacionalizó a otros. Otro país no sólo incumplió las reformas de promoción de las libertades de prensa que había prometido sino que endureció las penalizaciones que coartan la libertad de los periodistas. Un tercer Estado introdujo borradores de leyes que limitan la libertad de prensa. La región siguió siendo un lugar peligroso para los periodistas. De todas las regiones del mundo, la árabe está siendo testigo de la mayor incidencia de asesinatos o secuestros de periodistas y demás personal de los medios de comunicación en las zonas afectadas por conflictos armados. Las libertades públicas en la región, especialmente las de opinión y expresión, han estado sometidas a presiones cada vez mayores.

-  REFORMISTAS Y ACTIVISTAS DE DERECHOS HUMANOS EN EL PUNTO DE MIRA En la mayoría de los Estados árabes, los reformistas y activistas de derechos humanos han sido claros objetivos de la represión oficial. Dichas personas se arriesgan con frecuencia a ser perseguidas, detenidas y, en ocasiones, asesinadas, mientras que numerosas organizaciones de la sociedad civil árabes se enfrentan a un sinfín de trabas legales en su trabajo.

En tres Estados del Golfo, varias solicitudes de licencia para la constitución de organizaciones de derechos humanos quedaron directamente congeladas. La misma tendencia pudo observarse en un país del Mashreq, donde numerosos activistas fueron perseguidos y arrestados y se ordenó el cierre de varias organizaciones de la sociedad civil. Un país del norte de África continuó obstaculizando el trabajo de las organizaciones civiles, asociaciones profesionales independientes, sindicatos e instituciones para la defensa de los derechos humanos. Dicho país norteafricano ha alcanzado notoriedad entre los Estados árabes debido a las restricciones de la libertad de expresión en general y del uso del Internet en particular.

Ahora bien, en lo que se refiere al ciberespacio, un estudio reciente ha concluido que sólo tres países, Jordania, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, permiten una libertad relativa en el uso de Internet. Por último, destacar que otro Estado del Golfo sometió a varios grupos de la sociedad civil a un acoso oficial, negándose a conceder el reconocimiento jurídico a varios de ellos. Las condiciones internacionales y regionales derivadas de la “guerra contra el terrorismo” y la ocupación de Palestina e Iraq han seguido minando el desarrollo humano y los derechos humanos en el mundo árabe.

-  ENTORNOS REGIONALES E INTERNACIONALES INHÓSPITOS

Las condiciones internacionales y regionales derivadas de la “guerra contra el terrorismo” y la ocupación de Palestina e Iraq han seguido minando el desarrollo humano y los derechos humanos en el mundo árabe. El Informe advierte que las ocupaciones continuadas y la incapacidad para reformar la gobernanza global para proporcionar seguridad y contribuir a la prosperidad de todos pueden conducir, más si cabe, a un aumento del extremismo y las manifestaciones violentas en la región.

-  EL TERRORISMO Y SUS CONSECUENCIAS PARA LA LIBERTAD EN EL MUNDO ÁRABE

La guerra contra el terrorismo

En el marco de la “guerra contra el terrorismo”, la región árabe en general y los movimientos islámicos en particular han sido tachados de caldos de cultivo del terrorismo. Esta campaña ha borrado la distinción entre lo que bien podría calificarse como aterrorizar a inocentes, por un lado ―lo cual, como destaca el Informe, es una afrenta inaceptable contra la conciencia humana― y, por otro lado, la resistencia legítima a la ocupación extranjera, tal y como reconocen las Convenciones de Ginebra y las resoluciones de las Naciones Unidas. En varios países árabes, se ha registrado un incremento de los actos terroristas, que han provocado la muerte o herido a miles de ciudadanos.

A semejanza de lo que ocurre en el resto del mundo, los gobiernos árabes han reforzado las leyes de emergencia y promulgado nueva legislación en materia antiterrorista bajo el pretexto de combatir el terrorismo. Muchas de las personas perseguidas por dichos gobiernos han fallecido, y miles de ciudadanos han sido detenidos por decisiones administrativas, tras haber sido sometidos, en algunos casos, a vejaciones y torturas. La mayoría de los Estados árabes elevan los casos de terrorismo a tribunales especiales, como los tribunales militares o de seguridad nacional, que, por lo general, no cumplen con las normas internacionales que han de respetarse para garantizar un juicio justo.

La ocupación sigue frustrando el desarrollo humano

La ocupación israelí de Palestina sigue negando a los árabes los derechos políticos, económicos y sociales más básicos, amenazando la seguridad de la región en su conjunto. El Informe sostiene que la retirada israelí de la Franja de Gaza se enmarcó en un plan de retirada unilateral impulsado por el primer ministro israelí (Ariel Sharon), con el fin de liberar a Israel de los costes de seguridad que implica la ocupación y evitar entablar negociaciones para alcanzar un acuerdo. Al mismo tiempo, Israel se ha reservado el derecho a intervenir militarmente en Gaza cuando lo considere oportuno y a mantener el control sobre su espacio aéreo, aguas territoriales y la mayoría de los cruces fronterizos. Estos hechos han llevado al Relator Especial de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU a concluir que Gaza sigue siendo un territorio ocupado.

El Informe explica cómo la construcción del “muro de separación” por parte de Israel ha acelerado la destrucción sistemática de la economía palestina, con graves consecuencias para la salud y la vida de los palestinos, miles de los cuales han sido separados a la fuerza de sus tierras agrícolas. El muro y los constantes cierres fronterizos han provocado un gravísimo deterioro de las condiciones de vida en los territorios palestinos.

En Iraq, los crecientes costes humanos de la ocupación han quedado patentes en un contexto marcado por una anarquía y unos conflictos internos cada vez más marcados. Con la elección de la Asamblea Nacional Permanente y la formación del nuevo gobierno en 2006, el principal desafío para las autoridades en el poder sigue siendo la reforma de la constitución, que es un requisito fundamental para garantizar la integridad territorial de Iraq, la protección de los derechos humanos, la consecución de la reconciliación nacional y el fin de la anarquía y la corrupción, en un país unificado y libre de ocupación extranjera y de terrorismo.

Las pruebas que avalan el uso de la tortura por parte de las fuerzas de la ocupación y el antiguo gobierno iraquí siguen aflorando. Por otra parte, los daños materiales producidos en Iraq bajo la ocupación afectan también a sus activos, incluidos los recursos petrolíferos y un legado cultural que es patrimonio de la humanidad.

AVANCES EN LA SUPERACIÓN DE DÉFICITS Y EL DESARROLLO HUMANO

Las crecientes restricciones de las libertades públicas y la perpetuación de los sistemas de gobierno opresores en los países árabes han seguido marcando el período estudiado. No obstante, cabe destacar que se dieron algunos pasos positivos hacia la ampliación de los márgenes de libertad en la región.

El Consejo Nacional para los Derechos Humanos egipcio presentó su primer informe anual (2004-2005), en el que destaca algunas de las violaciones de los derechos humanos más graves perpetradas en el país y hace un llamamiento al fin del estado de emergencia.

El Centro Nacional para los Derechos Humanos de Jordania también publicó su primer informe anual. Bahrein emitió un decreto que obliga a los colegios públicos a impartir conceptos de democracia y derechos humanos en las aulas.

Por otra parte, en los Emiratos Árabes Unidos se formó una asociación dedicada a la defensa de los derechos humanos. Los esfuerzos marroquíes destinados a purgar una larga historia de opresión dieron un importante paso hacia delante cuando su Comisión para la Reconciliación y Justicia presentó su informe final, en el que proponía una serie de reformas legales, institucionales y culturales.

El presidente de Argelia anunció, por su parte, una iniciativa semejante para la reconciliación nacional en su país.

Además, nueve Estados árabes designaron a mujeres para que ocuparan puestos destacados a nivel nacional, provincial y municipal, en un esfuerzo por reforzar el papel de la mujer.

El Informe sostiene que, en su condición de seres humanos, los hombres y las mujeres tienen el mismo derecho innato a llevar una vida digna en términos materiales y morales, siendo ésta la finalidad última del desarrollo humano.

II. HACIA UNA MEJORA DEL ESTATUS DE LA MUJER EN EL MUNDO ÁRABE: CONCEPTOS Y CUESTIONES PROBLEMÁTICOS

-  CONCEPTOS.

El Informe sostiene que, en su condición de seres humanos, los hombres y las mujeres tienen el mismo derecho innato a llevar una vida digna en términos materiales y morales, siendo ésta la finalidad última del desarrollo humano. Ofrece una aproximación al refuerzo del poder de la mujer en el marco conjunto de los derechos humanos y el desarrollo humano.

En lo que se refiere a los derechos humanos, el progreso de las mujeres ha de ser alcanzado como parte del progreso de la sociedad hacia la libertad, en el sentido más amplio de la palabra. Esta definición abarca no sólo los derechos civiles y políticos, que son los pilares de la ciudadanía, sino también la capacidad para mantenerse a salvo de la ignorancia, la enfermedad, la necesidad, el miedo y todo aquello que atente contra la dignidad humana.

En términos de desarrollo humano, la promoción de la mujer implica:
-  • Igualdad absoluta de oportunidades entre hombres y mujeres en la adquisición y uso de capacidades humanas.
-  • Derechos de ciudadanía garantizados para todas las mujeres, al mismo nivel que los hombres.
-  • Reconocimiento de y respeto a las diferencias de género. Las mujeres son diferentes a los hombres, pero eso no implica en modo alguno que sean inferiores.

No es bajo ningún concepto aceptable utilizar las diferencias de género para respaldar teorías de desigualdad entre géneros o cualquier forma de discriminación sexual.

Históricamente, las organizaciones no gubernamentales dedicadas a defender los derechos de las mujeres se han propuesto perseguir distintos objetivos. Algunas se han centrado en promover la igualdad de derechos para las mujeres y el fin de la discriminación implícita en las leyes árabes, tanto las que se refieren a cuestiones de estatus personal como a garantías sociales. Otras han emprendido actividades benéficas a favor del desarrollo, concediendo créditos y proyectos destinados a generar ingresos para las mujeres o bien servicios en sectores como la sanidad y la educación, entre otros. Ahora bien, han sido relativamente pocas las organizaciones que han perseguido una mayor presencia y poder de la mujer en tanto que objetivo colectivo y deber de la sociedad en su conjunto.

-  CUESTIONES “INTERNAS” Y “EXTERNAS”

La difusión del concepto de “empoderamiento” (empowerment) o potenciación de la mujer en la región árabe ha provocado el malestar de algunas fuerzas sociopolíticas. Dichas fuerzas lo han considerado como algo “impuesto” por Occidente, que no se deriva ni de las realidades ni de las necesidades de las sociedades árabes, que están basadas en el arraigado papel de la familia como pilar básico de la sociedad. Esto ha llevado a algunos a oponerse a los planes de desarrollo que adoptan una perspectiva de género y a los gobiernos y organizaciones feministas que trabajan en línea con dicha perspectiva.

En los tiempos que corren, una separación marcada entre lo que se considera local y extranjero ya no es posible. Lo que denominamos cultura “extranjera” florece también en las sociedades árabes, especialmente en términos de valores y formas de conducta, debido a la creciente globalización de las sociedades árabes. Además, dicha separación no resulta favorable si se aspira a promover el progreso del mundo árabe, lo cual es una aspiración real que ha estado influenciada de forma positiva por los grandes logros humanos de la civilización occidental preponderante desde el inicio del renacimiento árabe.

Para ser más exactos, existe una colaboración muy beneficiosa entre la lucha a favor de la emancipación de la mujer en los países árabes como dinámica liberadora en la sociedad, y los movimientos de mujeres en otros lugares del mundo, incluido Occidente. Los esfuerzos de las organizaciones internacionales son particularmente relevantes en este sentido, especialmente los acuerdos, resoluciones, mecanismos y actividades internacionales destinadas a proteger los derechos de la mujer y la igualdad de trato entre hombres y mujeres.

Sin embargo, la falta de sensibilidad de los llamamientos realizados desde el extranjero a favor de la reforma, que ha sido en ocasiones impuesta por la fuerza, ha provocado reacciones negativas entre algunos sectores de la sociedad. Esta reacción, dirigida contra una agenda que promueve el papel de la mujer y que ha sido impuesta fundamentalmente por Occidente, es considerada en algunos sectores como una violación tanto de la cultura árabe como de la independencia nacional.

El Informe sostiene que la promoción de la mujer, tanto en términos intelectuales como prácticos, sigue siendo el eje central del proyecto árabe de renacimiento humano. El progreso de la mujer, que en ambos casos es percibido como una lucha contra el despotismo desde dentro y contra la apropiación desde fuera, se enmarca dentro del proceso de renacimiento que traerá libertad, orgullo y energía a todos los árabes, hombres y mujeres por igual.

Autoridad despótica y promoción de la mujer

Paradójicamente, los regímenes represivos, atendiendo a sus propios motivos, han fomentado los derechos de la mujer de formas que quizás no hubieran sido posibles si el tema hubiera quedado sujeto al devenir natural de la sociedad, debido a sus limitaciones ya sean impuestas o heredadas. En algunos casos los mecanismos de opresión política han servido incluso para acelerar la promoción de la mujer.

Ahora bien, el Informe sostiene que este estilo dominante de “progreso”, con su enfoque descendente, tropieza inevitablemente, por muy progresista que sea, con objeciones y resistencia en las bases. Señala que un giro hacia sociedades libres y bien gobernadas en los países árabes permitiría dar los pasos históricos necesarios para la promoción de la mujer, al tiempo que captaría un amplio apoyo social que garantizaría la fortaleza popular y la sostenibilidad del movimiento.

La infravaloración de la participación femenina en la actividad económica

La sociedad árabe no reconoce el verdadero alcance de la participación femenina en las actividades económicas y sociales ni tampoco en la producción de los componentes del bienestar humano, y no recompensa a las mujeres adecuadamente por dicha labor. Dado que la mayoría de las mujeres trabajan para sus familias sin percibir ningún tipo de remuneración, su contribución no es reconocida como una actividad económica. Este prejuicio histórico queda reflejado en la infravaloración de las aportaciones de la mujer a distintos tipos de actividades humanas en general, y actividades económicas en particular.

Para realizar un análisis adecuado del rol que desempeñan las mujeres en la generación de elementos constitutivos del bienestar humano es necesario sentar unas bases teóricas creativas que vayan más allá del sistema de cuentas nacional, que está limitado a la actividad de los mercados y la valoración de los bienes y servicios. Esto sólo es posible si se aplica una definición más amplia del concepto de bienestar humano que sea acorde al concepto de desarrollo humano. Desde el punto de vista del procedimiento, esto requiere diligencia en el desarrollo de herramientas investigadoras y estadísticas que midan de forma precisa la contribución femenina a la producción del bienestar humano y a la construcción del desarrollo humano. Se trata, sin duda, de un campo que sigue abierto a la investigación.

LA SITUACIÓN DE LA MUJER EN EL MUNDO ÁRABE

La situación de la mujer en los países árabes es consecuencia de y contribuye a una serie de factores culturales, sociales, económicos y políticos que interactúan para incidir sobre los niveles de desarrollo humano. Algunos factores son controvertidos en su naturaleza y requieren, por tanto, un análisis pormenorizado de los distintos componentes de la sociedad árabe.

El Informe analiza la situación de las mujeres en la región, centrándose en un componente clave del desarrollo humano: la adquisición y utilización de capacidades humanas y los consiguientes niveles de bienestar. Se exploran, concretamente, los niveles de educación y salud. Asimismo, el Informe repasa las experiencias que han contribuido al avance de la mujer valorando dos factores fundamentales para el éxito de dicho movimiento: la medida en la que la sociedad árabe desea que se produzca dicho progreso y las acciones sociales emprendidas para promoverlo.

ADQUISICICIÓN DE CAPACIDADES: NEGAR OPORTUNIDADES A LAS MUJERES

-  Salud

Las mujeres de los países árabes, sobre todo en los países menos desarrollados, sufren índices inaceptablemente altos de morbilidad y mortalidad asociadas al embarazo y las funciones reproductoras. El índice de mortalidad materna en los países árabes es de una media de 270 muertes por cada 100.000 nacimientos vivos.

Las mujeres de los países árabes, sobre todo en los países menos desarrollados, sufren índices inaceptablemente altos de morbilidad y mortalidad asociadas al embarazo y las funciones reproductoras.

Esta tasa alcanza las 1.000 muertes en los países árabes más pobres (Mauritania y Somalia) y cae hasta alcanzar 7 muertes por cada 100.000 nacimientos en Qatar.

La vida de las mujeres se ve acortada en mayor medida a manos de la enfermedad, y todo apunta a que esto no guarda relación con los niveles de vida, factores de riesgo y muertes vinculadas al embarazo y alumbramiento, lo cual indica que esta pérdida relativamente superior es atribuible a las condiciones de vida generales que discriminan a la mujer.

La región árabe sigue siendo una de las zonas relativamente menos afectadas por el VIH/SIDA a fecha de hoy. Pese a ello, el número de mujeres y niñas infectadas por la enfermedad es cada vez mayor, hasta el punto de que representan hoy la mitad del número total de personas portadoras del virus en el mundo árabe. Las mujeres se exponen a un riesgo mayor a contraer el virus y la enfermedad: las probabilidades de infección entre las mujeres de 15 a 24 años duplican las de los hombres en la misma franja de edad.

-  Educación

Pese a la fuerte difusión de la educación femenina en los países árabes, las mujeres siguen sufriendo de forma más marcada que los hombres la falta de oportunidades para adquirir conocimientos. Esto ocurre pese a que las niñas obtienen mejores resultados en la escuela, superando a los chicos en lo que a rendimiento académico se refiere.

En lo que respecta a los indicadores básicos, la región árabe tiene una de las tasas de analfabetismo femenino más elevadas (la mitad de las mujeres, frente a sólo un tercio de los hombres). Asimismo, presentan una de las tasas de matriculación más bajas en los distintos ciclos educativos. Todo ello pese al éxito registrado en algunos Estados árabes, concretamente en los países del Golfo, que han logrado incrementar la tasa de matriculación femenina y reducir las diferencias entre sexos en los tres niveles educativos.

Esta desigualdad, que niega de forma relativamente más marcada las oportunidades educativas para las jóvenes choca con el sentir de la opinión pública árabe. El estudio de campo del Informe indica que la mayoría de las personas consideran que las niñas gozan del mismo derecho a la educación que los niños.

La matriculación femenina en la educación universitaria ha aumentado, si bien las mujeres siguen concentradas en campos tales como la literatura, las humanidades y las ciencias sociales, donde son mayoría. Ahora bien, estos son precisamente los campos menos demandados por los empleadores. En cambio, las tasas de matriculación de mujeres en campos con amplias salidas profesionales, como la ingeniería y las ciencias, son considerablemente inferiores. Una vez más, esta tendencia se opone a la visión de la opinión pública árabe, que está a favor de que las mujeres elijan los campos en los que desean especializarse.

Los datos recopilados a nivel internacional indican que las mujeres de la región árabe tienen un rendimiento académico superior al de los hombres. Los índices de abandono escolar femenino son inferiores al masculino en todos los países para los que se dispone de datos. Con todo, la discriminación contra las mujeres en los países árabes sigue limitando su acceso al conocimiento, pese al enorme volumen de datos estadísticos y de otra índole que avalan que las niñas árabes son mejores en la escuela, especialmente en los primeros niveles del sistema educativo.

El porcentaje de niñas que integran el grupo de los mejores estudiantes en todos los países árabes para los que se dispone de datos es superior al 50%. Dado que las niñas representan de media menos de la mitad de los alumnos matriculados, estos resultados ponen de manifiesto su superioridad académica.

Dicho logro es más destacable si cabe si se tiene en cuenta el entorno social y familiar desfavorable en el que viven muchas de ellas, que es fruto del mito que establece que las niñas están destinadas a ocuparse de las labores domésticas y que la educación y el mundo del trabajo son ámbitos fundamentalmente masculinos.

El Informe destaca que los países árabes tienen mucho que ganar si ofrecen igualdad de oportunidades a niños y niñas en la adquisición y aplicación de conocimientos, lo cual contribuiría al progreso de la sociedad. Apunta, a su vez, que son precisamente las prácticas perjudiciales y discriminatorias contra la mujer las que están privando a la región de dichas ventajas potenciales.

USO DE LAS CAPACIDADES HUMANAS

-  ACTIVIDADES ECONÓMICAS

El lento crecimiento de la región predispone a las economías a una baja demanda de mano de obra femenina. Además, la creencia tradicional que establece que el hombre es el soporte económico de la familia limita el acceso de la mujer a los puestos de trabajo y contribuye a un aumento del desempleo femenino frente al masculino. Las mujeres se encuentran, en definitiva, con obstáculos considerables fuera del seno familiar que minan su potencial. Las trabas que más limitan su potencial son las condiciones laborales: las mujeres no disfrutan de una situación de igualdad respecto de los hombres en lo que se refiere a las oportunidades laborales, las condiciones y los salarios, y, menos aún, la promoción a puestos ejecutivos.

Partiendo de unos niveles bajos, entre 1990 y 2003 la región árabe fue testigo de un incremento de la participación femenina en la actividad económica superior al registrado en el resto de regiones del mundo; el aumento de la participación de las mujeres árabes fue del 19% frente al 3% registrado en el mundo en su conjunto. Pese a ello, la participación de las mujeres árabes en la economía sigue siendo la más baja del mundo, alcanzado apenas el 33,3% de las mujeres mayores de 15 años, frente a una media mundial que se sitúa en el 55,6%. Asimismo, su participación no supera el 42% respecto a la de los hombres, lo que supone, una vez más, el porcentaje más bajo del mundo comparado con una media mundial del 69%.

Con la excepción de las economías de renta baja, donde las mujeres trabajan principalmente en el campo de la agricultura en condiciones de pobreza, las mujeres tienden a encontrar trabajo en el sector servicios, caracterizado en el mundo árabe por su escasa productividad y baja remuneración. Por consiguiente, la mayoría de las mujeres perciben bajos sueldos por su trabajo.

Los factores que explican la escasa participación de las mujeres árabes en la economía incluyen, pero no se limitan a, la cultura masculina predominante que lleva a los empleadores a decantarse por los hombres, la escasez de puestos de trabajo en general, la discriminación laboral y remunerativa entre hombres y mujeres, y los elevados índices de natalidad.

Las leyes que limitan el papel de la mujer, como las designadas para su “protección”, entre las que destacan las leyes laborales y de estatus personal, también recortan la libertad de las mujeres al exigirles un permiso de su padre o marido para poder trabajar, viajar o pedir un préstamo a una entidad financiera. Por otra parte, las oportunidades laborales femeninas se han visto reducidas por los escasos servicios de asistencia y los programas de ajuste estructural.

Las tasas de dependencia en la región árabe siguen siendo las más elevadas del mundo; cada trabajador mantiene a más de dos no trabajadores, una situación sin duda muy distinta a la de Asia Oriental o el Pacífico, donde cada trabajador tiene de media un dependiente. Este fenómeno se explica principalmente por el bajo índice de participación femenina. La situación se agrava aún más cuando este elevado nivel de soporte económico familiar coexiste con una ausencia de planes de pensiones y de una red de Seguridad Social que dé cobertura a todos los segmentos de la población activa.

Con la creciente expansión del sector informal, donde la cobertura de los trabajadores es reducida, la manutención familiar se convierte en una carga tremenda para el reducido número de personas que trabajan. Las presiones ejercidas sobre las mujeres para que cuiden de los niños y enfermos, ancianos, discapacitados y minusválidos sin disponer de suficientes ayudas sociales siguen en aumento.

La incapacidad para utilizar el capital humano, especialmente mujeres altamente cualificadas, va en detrimento del desarrollo económico y desaprovecha importantes energías e inversiones que, de lo contrario, podrían contribuir a un mayor desarrollo económico para todos.

LAS MUJERES ÁRABES EN LA ESFERA POLÍTICA

Según el estudio de campo del Informe, la opinión pública árabe apoya claramente el derecho de las mujeres a participar en la actividad política y ostentar los cargos ejecutivos más altos. Sin embargo, estos siguen siendo ámbitos donde las mujeres son a menudo excluidas.

En la mayoría de los países árabes (con la excepción de los países del Golfo) las mujeres consiguieron el derecho a votar y ser candidatas en las elecciones parlamentarias en la década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado. Líbano fue el primer país árabe en conceder estos dos derechos a las mujeres en el año 1952.

Más adelante, la adopción de sistemas de cuota incrementó la participación parlamentaria femenina en Jordania y Marruecos. Pese a estos cambios positivos, la proporción de mujeres representantes en los parlamentos árabes sigue siendo la más baja del mundo, rozando apenas el 10%.

Las mujeres árabes han compartido el poder ejecutivo en algunos países árabes desde mediados del siglo pasado. La primera mujer ministra fue designada en Iráq en 1959, en Egipto en 1956 y en Argelia en 1962. El número de países árabes que ha nombrado a mujeres para ocupar distintas carteras ha aumentado en los últimos tres años, hasta el punto de que las mujeres participan hoy en todos los gobiernos salvo el de Arabia Saudí. Sin embargo, dichos nombramientos no reflejan la tendencia general respecto al poder de la mujer. Con frecuencia, las mujeres que alcanzan posiciones de poder son seleccionadas entre las elites y las filas del partido dirigente para dar una imagen progresista del régimen.

El número de países árabes que ha nombrado a mujeres para ocupar distintas carteras ha aumentado en los últimos tres años, hasta el punto de que las mujeres participan hoy en todos los gobiernos salvo uno.

LOGROS SOBRESALIENTES DE MUJERES ÁRABES

Algunas mujeres árabes han protagonizado logros sobresalientes en distintos campos, incluidos ámbitos en los que las mujeres no reciben formación en igualdad de condiciones respecto de los hombres, como el atletismo y las ciencias naturales y exactas.

-  Creatividad literaria: Las mujeres escritoras han demostrado que tienen talento para la escritura y son capaces de igualar y, en ocasiones, superar a sus colegas masculinos.

-  Creatividad artística, con el cine como ejemplo: Las mujeres árabes han desempeñado un papel destacado en el desarrollo de la industria cinematográfica.

-  Ciencias sociales: Las obras de feministas pioneras tales como Nawal al-Sa’dawi y Fatima Mernissi reflejan el placer del descubrimiento de “continentes” desconocidos de la historia, el legado, las creencias y el renacimiento del mundo árabe. Aunque dichas autoras establecen un marcado dualismo basado en el antagonismo hombre/mujer, la siguiente generación se alejó de dicha tendencia y sus obras revelan un tono académico más moderado, sin denotar, eso sí, una pérdida del enfoque feminista.

-  Ciencias naturales y exactas: Pese a los serios obstáculos con los que se encuentran las mujeres para acceder a los distintos campos de la ciencia, una serie de mujeres árabes han realizado aportaciones estelares a las ciencias naturales y exactas. De hecho, cuando se ha concedido a las científicas e ingenieras árabes la oportunidad de desarrollar sus capacidades a nivel internacional, han logrado producir resultados excepcionales.

-  Atletismo: En las seis últimas ediciones de los Juegos Olímpicos (1984-2004), seis mujeres del mundo árabe, cinco de ellas del Magreb y una de Siria, se adjudicaron uno de los tres puestos del podio en las pruebas de atletismo. De ellas, dos tercios cosecharon el oro olímpico, una cifra relativamente alta teniendo en cuenta que sólo una cuarta parte de los medallistas olímpicos árabes masculinos se hicieron con el oro.

-  Negocios: El giro de la región hacia las economías de libre mercado y la creciente defensa del poder de la mujer en los países árabes se han traducido en un incremento de las aportaciones de las mujeres empresarias a las economías árabes y en el refuerzo de su influencia en las organizaciones empresariales del sector privado. Esto último ha propiciado el auge de sus propias organizaciones empresariales, incluso en los países árabes que se muestran más conservadores hacia los temas de la mujer.

NIVELES DE BIENESTAR

No existe ningún indicador científico de la feminización de la pobreza que se defina como una falta de ingresos. Sin embargo, todo apunta a que las mujeres sufren niveles más severos de “pobreza humana” en términos de la privación de las tres dimensiones del índice de desarrollo humano: a saber, la salud, el conocimiento y la renta. Más concretamente, las mujeres sufren una limitación significativa de su libertad personal.

-  LA DIFUSIÓN DE LA POBREZA Y LA PÉRDIDA DEL PODER DE LA MUJER

El Informe indica que el incremento de la pobreza por renta conduce, por lo general, a la exclusión de las mujeres en ámbitos como la participación parlamentaria, los empleos profesionales y técnicos y el control de los recursos económicos. La pobreza humana se traduce en una pérdida del poder por parte de las mujeres y su exclusión de los trabajos legislativos, administrativos y organizativos de alto nivel, así como de los ámbitos profesionales y técnicos.

-  LA LIMITACION DE LA LIBERTAD PERSONAL

Las formas de violencia perpetradas contra las mujeres árabes confirman que los legisladores y gobiernos árabes, junto con los movimientos sociales árabes, se enfrentan a una tarea ingente a la hora de garantizar la seguridad y el desarrollo, en su sentido más amplio. El mero debate de la violencia contra las mujeres suscita una fuerte resistencia en algunos países árabes.

El paso más importante para combatir la violencia en el mundo árabe es luchar contra su ocultación, retirar el velo de silencio que la rodea, y exponer la realidad tal y como es, ya sea en público o en privado. Si se sigue guardando silencio en torno a este tema el precio que deberán pagar los individuos, la sociedad y también el Estado acabará siendo altísimo. Asimismo, es igualmente importante calificar las formas de violencia que muchas mujeres afectadas han aprendido a aceptar como algo natural, como la manifestación de una conducta inaceptable. Dichas manifestaciones violentas van desde los crímenes de honor, en los que se mata a las mujeres bajo el pretexto de proteger el honor familiar, hasta la violencia doméstica, que existe y se condena en muchos lugares del mundo. Además, la elevada incidencia de la circuncisión femenina en algunos países árabes provoca graves problemas de salud a las mujeres.

Las mujeres que se enfrentan a circunstancias difíciles, especialmente las que viven en zonas ocupadas o de conflicto, sufren dificultades añadidas. Las mujeres que viven en el desierto, en regiones marginales y en asentamientos informales a menudo desconocen sus derechos y los servicios a los que pueden acceder. Con frecuencia, no poseen la documentación, como certificados de nacimiento, que les permitiría recibir dichos servicios. Además, muchas de ellas sufren alguna forma de violencia.

Con frecuencia, las trabajadoras domésticas extranjeras que viven en los países árabes son victimizadas. Las leyes en materia laboral no protegen su trabajo, han de realizar horas de trabajo no estipuladas y se les priva de la libertad de movimiento y residencia. Algunas trabajadoras del sector también se exponen a maltratos físicos y mentales por parte de sus empleadores, lo cual incluye agresiones sexuales.

Afortunadamente, la opinión pública árabe, tal y como indica el estudio de campo del Informe, condena de forma abrumadora la violencia contra las mujeres en todas sus formas.

EL MOVIMIENTO FEMINISTA ÁRABE: LUCHAS Y EXPERIENCIAS

Posiblemente, el factor más influyente de la historia del movimiento feminista ha sido su implicación en la lucha por la liberación del imperialismo, antes de embarcarse en la lucha por la liberación de la mujer en las sociedades árabes.

La primera generación de asociaciones feministas (constituidas a finales del siglo diecinueve) se centró en el trabajo benéfico. Dichas formaciones surgieron entre las clases pudientes y eran lideradas por mujeres aristócratas o pertenecientes a las familias gobernantes.

El período colonial incidió sobre el movimiento de la mujer al modificar la estructura de los países islámicos ocupados. Se tambalearon las bases de la estructura económica, social, cultural y moral árabe. Fue por tanto necesario despertar un sentimiento y una conciencia nacional para poder conducir las luchas nacionales de liberación como prioridad absoluta. Como resultado, el desarrollo social y la promoción de la mujer seguían subordinados a la lucha a favor de la independencia nacional, ocupando un lugar muy bajo dentro de la escala de prioridades.

Los años cuarenta y cincuenta fueron testigos de un enriquecimiento del discurso feminista. Los partidos políticos empezaron a constituir asociaciones de mujeres al amparo de sus organizaciones, fomentando así la participación de los hombres en el movimiento por la liberación de la mujer. Inmediatamente después de las Segunda Guerra Mundial, surgieron nuevas asociaciones de mujeres en el mundo árabe.

Los movimientos feministas en el mundo árabe experimentaron una serie de transformaciones durante el período colonial como consecuencia de los cambios sociales producidos. El Informe menciona el incremento de la educación entre las mujeres; el acceso de muchas mujeres a profesiones altamente cualificadas como la medicina, la docencia universitaria, la ingeniería y la abogacía; el acceso de algunas mujeres a puestos de mando en los partidos políticos y gobiernos; el desarrollo de una conciencia bien arraigada de la situación en la que vivían la mujeres; y el incremento de la empatía social hacia los temas de la mujer.

Los gobiernos intentaron que las asociaciones de mujeres se agruparan en “sindicatos”, en línea con un fenómeno muy habitual en el mundo árabe, que no es otro que el confinamiento de la mujer a un marco controlado y dirigido por una estructura de poder masculina. Algunos académicos describen este fenómeno como la feminización del discurso del poder.

Esta tendencia coincidió durante las tres últimas décadas con otro acontecimiento significativo, el auge de los movimientos islámicos y la difusión de la influencia de los proselitistas, que instaban a un retorno al islam de los “venerables antepasados” (salafismo). Estos movimientos responsabilizaron a la mujer de las dificultades por las que atravesaba la sociedad. Basaban sus ataques en la idea de que la igualdad en la vida pública reduciría, por su naturaleza, las oportunidades de los hombres en el mercado laboral, y en la idea de que el hombre es el cabeza de familia y la mujer, su dependiente. Partiendo de la Conferencia de las Naciones Unidas celebrada en México en 1975 y bajo la influencia de las organizaciones internacionales que luchan a favor de la promoción de la mujer, empezaron a surgir nuevos casos de la denominada “feminización del Estado”.

Una serie de regímenes árabes vio en los grupos islámicos un medio para debilitar las fuerzas izquierdistas y sindicales. Esto condujo a un refuerzo de los movimientos a favor del resurgimiento del islam, cuyos intereses alcanzaron todos los ámbitos de la vida pública y privada y cuyo discurso atrajo a amplios sectores de la juventud, especialmente mujeres jóvenes.

Como reacción a lo que estaba ocurriendo, se hizo un llamamiento a favor de la restricción del islam al terreno de las creencias personales y del valor espiritual.

Algunos grupos fueron obligados a modificar sus posturas; se les pidió que abrieran la ventana del pensamiento religioso independiente (ijtihad) a cuestiones relativas a la mujer, con la convicción de que las lecturas ilustradas de los versos normativos del Corán conducirían a un nuevo discurso sobre la mujer inspirado en el legado islámico. Durante la segunda mitad de la década de los setenta, surgieron nuevas organizaciones de mujeres independientes de las organizaciones políticas oficiales. El debate se centró en el carácter inadecuado y las lagunas del Código de Estatus Personal en lo referente a la igualdad entre hombres y mujeres, pese a su naturaleza pionera frente a las leyes de familia existentes en muchos otros países árabes. La atención también se centró en las formas de violencia perpetradas contra las mujeres y en cómo dicha violencia quedaba reflejada en su estatus en la sociedad. La nueva generación de asociaciones dedicadas a la lucha por los derechos de la mujer se caracteriza por su cercanía cualitativa a la temática y las cuestiones de la mujer. Dicha generación considera estos temas como cuestiones centrales no menos importantes que la democracia, el desarrollo y los derechos humanos.

El movimiento de la mujer vivió un salto cualitativo en la década de los ochenta con la creación y la ampliación de las asociaciones. Surgieron asociaciones políticamente activas, vinculadas a los partidos. Los ochenta también fueron un período crucial en la transformación de los movimientos feministas, especialmente en los países del Magreb. No es ninguna casualidad que los nombres de las nuevas asociaciones de mujeres incluyeran palabras como “demócrata”, “progresista” y “derechos”. La independencia y el valor distinguieron a estos movimientos a medida que salvaban los obstáculos que les imponían los regímenes gobernantes.

La nueva generación de asociaciones dedicadas a la lucha por los derechos de la mujer se caracteriza por su cercanía cualitativa a la temática y las cuestiones de la mujer. Dicha generación considera estos temas como cuestiones centrales no menos importantes que la democracia, el desarrollo y los derechos humanos.

El discurso internacional sobre la mujer ha incidido de forma significativa sobre el movimiento feminista árabe, impulsando su perseverancia y la reformulación de sus objetivos. Esta nueva conciencia se vio reforzada en las conferencias internacionales, fundamentalmente en las celebradas bajo los auspicios de la ONU. El nuevo enfoque pretendía desplazar las visiones tradicionales que seguían existiendo en torno al tema de la mujer. No sorprende, por tanto, que las nuevas leyes de estatus personal se convirtieran en la prioridad principal, seguidas de la promulgación de leyes que garantizaran la igualdad de hombres y mujeres en la esfera política y económica. Las asociaciones de mujeres también desempeñaron un papel activo al instar a los gobiernos árabes a implementar los acuerdos internacionales que habían suscrito, más concretamente la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, en sus siglas en inglés).

Los años noventa son considerados como un período difícil para la sociedad árabe, repleto de contradicciones, tribulaciones y una serie de amargas decepciones. El Informe observa que el poder y los recursos de los movimientos feministas no bastaban, por sí mismos, para incidir sobre la intrincada situación sociopolítica del momento, lo cual confirma que la lucha a favor de la liberación de la mujer se enmarca en un contexto más amplio: la lucha de las sociedades árabes en su conjunto.

EVALUAR LOS LOGROS DE LAS MUJERES

El impacto de los movimientos por la liberación de la mujer en los países árabes varía de un país a otro. Probablemente su principal logro es haber conseguido que un mayor número de mujeres se conciencien sobre la inferioridad del estatus del que gozan respecto de los hombres y de la necesidad de hacer algo al respecto.

La participación de las mujeres en los movimientos nacionales ayudó a las mujeres a defender sus reivindicaciones y reforzar su legitimidad a los ojos de la sociedad. Sin embargo, pese a algunos logros evidentes alcanzados por mujeres, el aplazamiento de la resolución relativa a sus reivindicaciones políticas y sociales tuvo consecuencias desafortunadas tras la independencia (prueba de ello es lo que ocurrió en Argelia).

En la mayoría de los casos, los nuevos gobiernos nacionalistas pretendieron olvidar o bien ignoraron algunas o la mayoría de dichas reivindicaciones, especialmente las relativas a los Códigos de Estatus Personal. En general, y con la salvedad de las modificaciones introducidas en las leyes de estatus personal de Túnez, persistió la desigualdad en las relaciones de poder en el seno de la familia.

El impacto de los movimientos por la liberación de la mujer en los países árabes varía de un país a otro. Probablemente su principal logro es haber conseguido que un mayor número de mujeres se conciencien sobre la inferioridad del estatus del que gozan respecto de los hombres y de la necesidad de hacer algo al respecto. Al centrar el escrutinio público en las Leyes de Estatus Personal, el movimiento ha instado a los Estados árabes a dar pasos tangibles hacia la mejora de las leyes de familia y la legislación en materia de matrimonio y divorcio.

-  La experiencia tunecina: Túnez sigue siendo un modelo a seguir entre los Estados árabes en lo que a emancipación de la mujer se refiere. Ha pasado ya medio siglo desde que aprobara su Código de Estatus Personal, mediante el cual el derecho tunecino dio vigencia legal al principio de la igualdad de las mujeres respecto de los hombres. Las modificaciones a las leyes de familia implantadas por el presidente Habib Bourguiba poco después de la independencia fueron fruto de un movimiento reformista que valoró positivamente la promoción de la mujer a nivel social, económico y político. Huelga mencionar también que las leyes del Código de Estatus Personal nacieron de una iniciativa emprendida por dos escuelas de jurisprudencia islámica, la malikí y la hanafí. Sin embargo, los cambios progresistas en las leyes de familia han coincidido con restricciones en la libertad de acción de las mujeres activistas así como la monopolización y supervisión del discurso del movimiento feminista por parte del Estado. Esto deja un margen de maniobra limitado para las iniciativas y reivindicaciones de las mujeres. Queda pues patente la tendencia a convertir la promoción de la mujer en una herramienta política que pueda ser utilizada para mejorar la imagen que se tiene del país en el extranjero, incluso a expensas de las mujeres.

-  La experiencia marroquí: El movimiento feminista marroquí es hoy plenamente consciente de que las enmiendas al código legal son fundamentales para que las mujeres puedan ser dueñas y señoras de sus propios asuntos. Su lucha en este ámbito culminó con la aprobación del nuevo Código de Familia en el año 2004.

-  En lo que respecta a las experiencias vividas en otros países árabes, actualmente las mujeres egipcias sólo han conseguido alcanzar un derecho, que les fue concedido en el año 2000 y que no es otro que el derecho a iniciar trámites de divorcio (khul’), tras renunciar a varios derechos financieros asociados a otras formas de divorcio. También han conseguido que se les reconozca el derecho a viajar y desplazarse sin el permiso de sus maridos y el derecho a transmitir la nacionalidad egipcia a los hijos nacidos de la unión con un ciudadano extranjero.

-  Jordania ha aumentado la edad legal para el matrimonio a 18 años para ambos cónyuges y concedido a las mujeres el derecho a obtener un pasaporte sin necesidad de contar con el permiso de sus maridos.

-  En Argelia, la Ley de Familia sigue vigente. Sin embargo, pueden apreciarse signos positivos en las diferencias existentes entre la versión de 1984 y la versión enmendada de 2005.

El Informe concluye que reevaluar la posición de las mujeres árabes es hoy una condición sine qua non para la construcción de una sociedad civil más fuerte, una sociedad que rechace los argumentos para el inmovilismo que se oponen a todas las formas de desarrollo femenino como parte de la cultura de “el Otro”.

EL CONTEXTO SOCIAL DE LA SITUACIÓN DE LA MUJER CULTURA

El Informe explora los modelos sociales que contribuyen a definir la posición de la mujer en las sociedades árabes actuales. Para ello, se centra en tres fuentes de influencia fundamentales: el legado religioso, la cultura popular y la creación intelectual, artística y mediática árabe.

-  Legado religioso: sesgo de género en las interpretaciones jurídicas

En la historia islámica árabe, la cultura religiosa no se construye sobre textos sagrados de irrefutable autoridad, sino más bien sobre distintas interpretaciones del contenido, la esencia, las formas y las visiones de los múltiples escritos y dichos que integran la memoria colectiva de la sociedad. Dicha historia está basada a su vez en las costumbres y tradiciones que se han consolidado para mantener un orden concreto para la familia y la sociedad.

Los principios generales de interpretación nos permiten inferir los principales rasgos de un sistema social que responde a los objetivos aceptados por la comunidad islámica para llevar una vida de interdependencia y consenso, al tiempo que reconocen la igualdad de todos los seres humanos, hombres y mujeres. Por otra parte, las interpretaciones jurídicas, cristalizadas en algunas escuelas de jurisprudencia islámica, contribuyeron al establecimiento de una serie de normas que aprueban el principio de discriminación de género.

La rigidez de la legislación en la jurisprudencia islámica esconde otras cuestiones que nacen de la sociedad islámica árabe propiamente dicha, lo cual se debe concretamente a que los juristas interpretaron de forma deliberada las disposiciones canónicas a través del prisma de las costumbres. Consideraron que cualquier otro tipo de lectura perturbaría la continuidad del orden social en su esfuerzo por fomentar la cohesión social, lo cual, desde su punto de vista, responde al “orden de la naturaleza”. Siempre se ha dado prioridad y preferencia al género masculino en los estudios jurídicos relativos a las mujeres. Esta predisposición se arraigó como resultado de una lectura del Corán con un sesgo a favor del hombre. Con todo, existían también interpretaciones jurídicas más progresistas.

Dado que la dinámica del cambio en las sociedades árabes contemporáneas es diferente a la de las sociedades árabes en la época en la que se crearon las escuelas de jurisprudencia, los primeros esfuerzos ya no se ajustan a la naturaleza ni al ritmo de los cambios sociales actuales. De hecho, es legítimo tratar de abrir las ventanas de la interpretación de nuevo para alcanzar una comprensión más exhaustiva del espíritu del texto coránico, todo ello con el fin de producir textos jurídicos basados en valores de igualdad. Dichos textos han de incorporar una jurisprudencia sobre las mujeres que vaya más allá de la ecuación lingüística e histórica que equipara lo femenino con lo natural (embarazo, alumbramiento, lactancia, crianza de los hijos y preparación de la comida). Tales textos contribuirían a la promoción de los valores culturales femeninos y los acabarían convirtiendo en una actitud generalizada.

LAS MUJERES ÁRABES EN LOS DICHOS POPULARES

La cultura popular árabe proyecta imágenes contradictorias de mujeres, niñas y esposas en distintas etapas de sus vidas. Los proverbios sobre mujeres son habituales en la mayoría de las clases sociales árabes y, por lo general, proporcionan ejemplos claros de la percepción de la mujer como ser inferior al hombre, lo cual denota que la conciencia popular sigue ajena a los cambios fundamentales que se están produciendo en las sociedades árabes. Los proverbios crean distintos mitos sobre las condiciones y el estatus de la mujer que a menudo chocan con las circunstancias reales de las mujeres.

Cientos de dichos populares proyectan una actitud afín a la que llevó a enterrar a niñas vivas. Para poder justificar su espíritu retrógrado, estos proverbios se apoyan en argumentos morales y de otra índole expresados en el lenguaje de las leyendas y los mitos. Algunos también adoptan un enfoque psicológico. En sus distintas formas, los proverbios sirven para resaltar la posición social y moral inferior de las mujeres en la sociedad. Algunos van más allá y se atreven a predicar que las mujeres sólo tienen medio cerebro, medio credo, media herencia y que, por tanto, valen la mitad de lo que vale un hombre. La tendencia general consiste en reducir a las mujeres al ámbito biológico y doméstico y denigrar su valía e independencia.

Ahora bien, algunas tradiciones populares y textos transmiten una imagen diferente de la mujer al retratarla como un ser inteligente, coherente y también, en cierta medida, como una seductora, aunque siempre en un sentido positivo.

LA MUJER EN EL PENSAMIENTO ÁRABE CONTEMPORÁNEO HACIA LA APARICIÓN DE NUEVAS FUENTES DE AUTORIDAD

El pensamiento árabe contemporáneo sobre la figura de la mujer y las teorías que lo sustentan están estrechamente vinculados al movimiento de Renacimiento Árabe y sus luchas contra toda forma de autoridad fundamentada en la tradición heredada.

En las primeras fases de la transformación social que condujo a este renacimiento hacia finales del siglo diecinueve, los pensadores políticos e intelectuales partidarios de las reformas reconocieron que las sociedades europeas tenían características específicas que explican su fortaleza y progreso. Un excelente ejemplo de este período es el proyecto de reforma del jeque Rifa’a Rafi’ al-Tahtawi.

La participación de las mujeres en organizaciones de la sociedad civil dedicadas a acciones de índole legal y político contribuyó a reeducar a la sociedad para que aceptara un rol activo por parte de las mujeres. Primeros esfuerzos por restringir la jurisprudencia con sesgo de género Reformistas como Qasim Amin, Nazira Zayn al-Din y posteriormente al-Tahir al-Haddad entre otros, eran plenamente conscientes de la necesidad de cambiar el estatus de la mujer. Según estos pensadores, no existían contradicciones significativas entre la sociedad europea, los valores y estilos de vida emergentes en la sociedad árabe contemporánea y los principios de la ley islámica. También abrieron un debate en torno a la reinterpretación de algunos versos coránicos, con la finalidad de sacar a relucir interpretaciones sesgadas. Sus esfuerzos ocupan un lugar destacado en la historia cultural árabe porque lograron abrir una puerta de acceso para las mujeres en el sólido muro de la sociedad árabe.

La participación de las mujeres en organizaciones de la sociedad civil dedicadas a acciones de índole legal y político contribuyó a reeducar a la sociedad para que aceptara un rol activo por parte de las mujeres. Asimismo, permitió reemplazar el estereotipo tradicional femenino por una imagen de mujer comprometida con otras actividades que se fundamentaban en una libertad de acción, producción y creatividad mucho mayor.

Hoy en día, el desacuerdo expresado por las mujeres en el mundo árabe va más allá de lo que se espera de las mujeres en la sociedad y adopta una posición de mayor amplitud, en línea con la gran transformación que se está produciendo en las sociedades árabes en lo que se refiere a las cuestiones relativas al renacimiento, el desarrollo y el progreso. Las mujeres árabes han hecho que el proyecto de reforma política y económica y la interacción positiva con el sistema de derechos humanos se convierta en parte de sus objetivos más directos. Esto también queda reflejado en la creciente presencia femenina en las organizaciones de la sociedad civil y política.

-  Mujeres y medios de comunicación

El Informe observa que el movimiento de la mujer se ha beneficiado de los nuevos medios de comunicación, tales como Internet, los chats y los canales de televisión y sus programas especializados, plataformas, todas ellas, que generan perspectivas basadas en el poder del diálogo. Estas nuevas plataformas han propiciado la aparición de un nuevo discurso de liberación al permitir a las mujeres ocupar espacios públicos a los que no hubieran podido acceder a través del uso de material escrito y de los periódicos. Han ayudado a promover una conciencia de género orientada hacia la cohesión social, la igualdad y el principio de equidad como alternativas adecuadas a la discriminación de género.

En algunos países los medios de radiodifusión, sobre todo los canales vía satélite, y los medios escritos están contratando a un número creciente de mujeres, si bien, con algunas excepciones eso sí, la titularidad de los medios de comunicación políticos y de mayor rigor profesional sigue siendo un territorio exclusivamente masculino.

Las mujeres no desempeñan papel alguno en la política de planificación de los medios ni tampoco en la toma de decisiones relativas a los medios de comunicación. El Informe se pregunta hasta qué punto el creciente número de mujeres árabes en los medios de comunicación incide positivamente sobre la orientación general de la programación y la imagen de las mujeres entre la población. Mujeres en la novela árabe

El Informe destaca que son fundamentalmente cuatro las imágenes de la mujer que se retratan en las novelas sobre mujeres: las mujeres privadas de sus derechos, las mujeres activistas, las mujeres rebeldes y, por último, las mujeres “múltiples”.

El término “múltiple” se refiere en este contexto a las divisiones y fragmentaciones, es decir, a las múltiples identidades que coexisten en un ser. La mayoría de estas novelas reflejan la introducción de la imagen de la mujer árabe en un espacio antes ocupado por estereotipos uniformes que resultan inadecuados teniendo en cuenta los cambios sociales que estas obras vaticinan. Al construir nuevas sensibilidades lingüísticas y estéticas, estas obras refuerzan valores capaces de desmontar dichos estereotipos.

Las novelas árabes también arrojan luz sobre distintos aspectos de la opresión de las mujeres y sobre su papel de cómplices en la perpetuación de la hegemonía masculina. La confusión y las contradicciones que revelan muchas novelas apuntan a condiciones de refracción cultural que pueden ser interpretadas en el marco del contexto global y del período histórico transitorio que están viviendo las sociedades árabes, sirviendo ambos factores de marco para el mundo de la ficción.

-  La imagen de la mujer en el cine

El cine árabe desempeña un papel importante al fomentar la toma de conciencia pública en torno a los temas de la mujer y las injusticias que éstas sufren como resultado de tradiciones severas y leyes injustas. Entre las contribuciones más relevantes del cine árabe de cara a cuestionar la jerarquía sexual de la sociedad destaca su representación visual de la sumisión femenina.

Sin embargo, el cine árabe, al igual que otras formas de expresión artística, desempeña un papel dual debido a su naturaleza comercial. Por un lado, al utilizar el poder de las imágenes en movimiento, generaliza valores de discriminación sexual. Al mismo tiempo, el nuevo cine que está emergiendo en más de un país árabe está enviando mensajes que reflejan los deseos de las nuevas generaciones de mujeres, que persiguen la libertad y una identidad plena en tanto que seres humanos completos e independientes.

-  Otras formas de producción cultural.

La sala de estar árabe se ha convertido en un auténtico campo de batalla de la guerra de la información. Como ocurre con las disputas sobre la interpretación de la jurisprudencia islámica o con el choque de los dichos populares con los esfuerzos realizados por la sociedad civil árabe para promover valores de libertad e igualdad, este conflicto mediático plantea a los ciudadanos opciones muy distintas y confusas entre las que elegir.

Las series de televisión son especialmente influyentes a la hora de cuestionar o consolidar la imagen tradicional de la mujer, al igual que los anuncios televisivos que retratan a las mujeres a través de distintas imágenes y contextos. Esto es aplicable no sólo a los canales de televisión árabes sino también a la amplia red de canales a los que acceden los hogares árabes y que ofrecen a las familias árabes imágenes y actitudes que contienen más disparidades que semejanzas.

La sala de estar árabe se ha convertido en un auténtico campo de batalla de la guerra de la información. Como ocurre con las disputas sobre la interpretación de la jurisprudencia islámica o con el choque de los dichos populares con los esfuerzos realizados por la sociedad civil árabe para promover valores de libertad e igualdad, este conflicto mediático plantea a los ciudadanos opciones muy distintas y confusas entre las que elegir. Por ejemplo, la mayoría de los canales vía satélite árabes emiten programas religiosos destinados a difundir una cultura islámica. Los expertos encargados de la emisión de fatwas (edictos religiosos) se encargan de preservar el sistema patriarcal predominante de las sociedades árabes y apenas hacen esfuerzos por actualizar la jurisprudencia islámica. Un número cada vez mayor de canales conservadores están consolidando la imagen de la mujer en los peldaños inferiores de la jerarquía de género. Al mismo tiempo, numerosos canales que abogan por la modernidad proyectan en realidad una imagen degradante de la mujer, a la que retratan como meros cuerpos físicos y mercancías.

Los medios de comunicación árabes operan en sociedades gobernadas por fuertes poderes centrales donde el mundo del dinero, la autoridad y los medios de comunicación se entremezclan a la sombra de una feroz competencia con canales destinados a un mercado publicitario restringido. Como resultado, la industria se dirige a un amplio sector del público árabe que tiene un elevado poder adquisitivo, en concreto al público del Golfo Arábigo, del que tienen una serie de ideas preconcebidas.

ESTRUCTURAS SOCIALES, TRIBALISMO Y PATRIARCADO

La sociedad tribal árabe comprendió muy bien la importancia que tienen las mujeres estructural y funcionalmente en la perpetuación de su existencia.

Consideraba el honor, el respeto y la protección como una unidad que vincula a todos y cada uno de sus miembros con el grupo y, por consiguiente, también a las mujeres con la colectividad. Esto hizo que cualquier interferencia con el estatus de la mujer fuera una cuestión que llegaba al corazón mismo de la seguridad y posición de sus familiares.

El islam trajo consigo el concepto de la umma (comunidad islámica) como una expresión de identidad colectiva que remplaza el concepto de la tribu. Sin embargo, las tribus árabes, principalmente los beduinos pero también las tribus urbano-rurales, conservaron sus estructuras autoritarias sin introducir modificación alguna.

Aunque el islam estableció la noción de la responsabilidad individual tanto para hombres como para mujeres e hizo hincapié en el respeto por ambos sexos y sus derechos, lo cierto es que el carácter sociocultural y político-económico de las conquistas imponía límites a las amplias perspectivas que la nueva religión había anunciado para las mujeres.

La consolidación del sistema autoritario moderno desempeñó un papel relevante en la restricción del crecimiento de las instituciones civiles. Aunque el capitalismo europeo trajo consigo nuevos valores relativos al Estado, la política y la sociedad, dichos valores no fueron fruto de las condiciones locales. Esto explica por qué no llegó a completarse nunca el ciclo que hubiera establecido los pilares de un Estado de derecho y una sociedad civil independiente y resistente a la opresión.

Inicialmente, el Estado árabe todopoderoso propició una mayor participación de las mujeres en la esfera pública, los campos profesionales y los servicios sociales, y contribuyó a una protección relativa de la maternidad y la infancia. Sin embargo, al final la rigidez burocrática, la expropiación de las distintas iniciativas sociales y cívicas y el sistema del dignatario local (el hombre, evidentemente) como único intermediario entre las autoridades y la sociedad, hicieron que los derechos de la mujer quedaran sujetos a la naturaleza y las vicisitudes del poder. La relación simbiótica entre la autoridad del Estado y el patriarcado permitió que estos primeros logros se tradujeran pronto en oportunidades para el beneficio personal.

La posición de las mujeres siguió deteriorándose con el recorte de los derechos de ciudadanía y el retorno de los derechos patriarcales orgánicos como medio final de autodefensa de una sociedad a la que se le prohibía participar en las distintas formas de actividad cívica.

En el seno familiar, las relaciones han seguido estando gobernadas por la autoridad del padre sobre sus hijos y del esposo sobre su esposa, bajo el influjo del orden patriarcal. Los cambios producidos en este marco familiar autoritario no pueden considerarse de gran alcance. Tampoco puede decirse que hayan influido de forma significativa en la naturaleza funcional de la relación entre los sexos. Aunque sí han tenido un cierto impacto sobre algunas formas de discriminación entre hombres y mujeres, no han propiciado un cambio cualitativo en la naturaleza de dichas relaciones salvo en círculos limitados. El control masculino del ámbito económico, social, cultural, jurídico y político sigue siendo un legado duradero del patriarcado.

La creencia de que la mujer ha de ser controlada está, por supuesto, sujeta a variaciones entre los distintos países, clases sociales, niveles de vida y conciencia general. Dicha creencia se encuentra especialmente presente entre los pobres, cuya situación marginal en la sociedad se traduce en un menor acceso a la protección social y jurídica y les expone a la cultura patriarcal dominante.

Sin embargo, pese a esta falta de libertades políticas, las mujeres han sido capaces de maniobrar bajo las condiciones sociales tradicionales para defender sus derechos mediante la creación de organizaciones benéficas, médicas, literarias o de familia. Han formado delegaciones para reivindicar sus derechos, aprovechando el espacio social que les era concedido en algunos países, un espacio que sin embargo restringía su espacio ideológico. Algunas mujeres activistas de recursos han aprovechado esta estrecha libertad para crear agrupaciones de la sociedad civil dedicadas a la defensa de los derechos de la mujer, provocando el cambio social desde las mismas estructuras que lo habían restringido, lo cual resulta sin duda irónico.

En algunas sociedades, la suma cualitativa de pequeños triunfos de mujeres ha hecho tambalear la hegemonía patriarcal en distintos grados. A menudo, las mujeres han sido capaces de superar el desafío que supone afrontar duros cambios y han protegido la existencia social en situaciones extremadamente difíciles, como es el caso de las mujeres que viven asediadas o sometidas a sanciones en Iraq, y bajo la compleja violencia de Sudán, Líbano, Iraq y Palestina.

En este sentido, las estructuras sociales no han impedido que las mujeres, en distintos grados y formas, desempeñen un papel activo en la transición histórica que están atravesando algunos países árabes.

LA FAMILIA Y EL ESTATUS DE LA MUJER

La familia sigue siendo la primera institución social que reproduce las relaciones, valores y presiones patriarcales a través de la discriminación de género. Dichas presiones sobre la mujer incrementan la violencia en momentos de crisis, cuando una mujer se convierte en objeto de control. El derecho del hombre a disponer del cuerpo de la mujer, controlarlo, utilizarlo, esconderlo, negarlo y castigarlo es cada vez más patente. Esta violencia contribuye a su vez a intensificar la feminización de la pobreza, la miseria política, la dependencia, el dominio y la alienación.

Hasta la fecha, las leyes de estatus personal son la representación más emblemática y profunda de este problema. El matrimonio es la principal forma de relación entre hombres y mujeres, ya sea de forma consciente o inconsciente, en la religión o la sociedad, en términos de lo permitido y lo prohibido, de lo sagrado y lo profano. Estas leyes pueden ser la encarnación más pronunciada de la relación entre el patriarcado árabe y lo prohibido o tabú. Las leyes principales relativas a la discriminación de género se amparan en dicha relación, permitiendo que las leyes de familia se conviertan en una suerte de refugio que protege la cultura, las tradiciones y las costumbres tanto religiosas como populares.

Algunos elementos de la modernidad han alcanzado la cultura tradicional árabe en el seno de los países árabes y más allá de sus fronteras. Pese a ello, amplios sectores sociales siguen estando más próximos a la tradición que a la innovación. Prueba de ello es que las jóvenes pagan un precio muy alto por reivindicar su independencia en medios en los que la individualización tanto desde el punto de vista económico como de los derechos humanos sigue siendo débil.

Ahora bien, la familia árabe es demasiado compleja como para reducirla a una caracterización generalizada y absoluta. Paralelamente, la sociedad no debería rendirse a un estereotipo negativo de la paternidad. Estas imágenes parciales llevan a los individuos a doblegarse ante figuras de autoridad y dan credibilidad a la noción de que rebelarse contra el autoritarismo y cambiar el statu quo es una tarea imposible.

Asimismo, afirmar que las mujeres están reprimidas resta valor a sus vidas, en la medida en que implica que sus vidas están siendo desperdiciadas. Aun estando inmersas en un entorno difícil, las mujeres pueden tomar las riendas de su libertad adoptando decisiones que les aportarán una alegría inesperada. Esta libertad es la fuente que inspira y propicia el cambio.

SOCIALIZACIÓN Y EDUCACIÓN

Es poco habitual que los sistemas educativos bajo regímenes autoritarios fomenten adecuadamente la iniciativa, el descubrimiento y el desarrollo de las capacidades creativas o críticas o bien las aptitudes personales. Pese a los avances de las mujeres árabes en el ámbito político, social y económico, el vacío entre dicho progreso y las imágenes estereotipadas de la mujer en los programas de estudio sigue siendo muy importante. Estas imágenes siempre confinan a la mujer a los roles de madre, ama de casa y guardiana del hogar.

Por ello, los expertos en pedagogía han solicitado la introducción de cambios en algunos programas y la formulación de nuevas directrices y conceptos relativos a los contenidos, con el fin de rescatar a las niñas del escenario superficial en el que están recluidas. También han hecho un llamamiento a la participación de las mujeres árabes en el diseño de las políticas educativas, una labor de la que han sido excluidas casi por completo.

La participación femenina en el diseño de las asignaturas y materias escolares fue inferior al 8% según un muestreo aleatorio de los programas de estudio árabes.

ESTRUCTURAS LEGALES

En los países árabes, son muchas las leyes que discriminan a la mujer. Las disposiciones constitucionales para la protección de los derechos de la mujer existen en casi todos los países pero son a menudo ignoradas, contradichas por otras leyes, o bien sencillamente no son aplicadas. El Informe destaca una serie de disposiciones y prácticas discriminatorias que revelan el sesgo de los legisladores árabes contra las mujeres.

ACTITUDES HACIA LA CONVENCIÓN SOBRE LA ELIMINACIÓN DE TODAS LAS FORMAS DE DISCRIMINACIÓN CONTRA LAS MUJERES

La mayoría de los Estados árabes han firmado y ratificado la CEDAW y, por tanto, quedan obligados por sus disposiciones, con algunas excepciones. Las reservas formuladas por los Estados árabes (que son numerosas) son motivo de preocupación, puesto que ponen en tela de juicio la voluntad de respetar las disposiciones de la CEDAW. Son especialmente preocupantes las reservas formuladas con respecto al artículo segundo, que establece el principio de paridad entre hombres y mujeres. De hecho, las reservas a este artículo tan fundamental hacen que la ratificación a la convención no tenga valor alguno.

Los Estados árabes basan sus reservas a las disposiciones de la Convención en uno de los dos motivos que se describen a continuación: que los artículos en cuestión contradicen bien la legislación nacional, bien lo dispuesto por la Shari’a (ley islámica). En ocasiones, las reservas pretendían eximir al Estado de su compromiso con toda disposición de la Convención que, en su opinión, chocara con la Shari’a. Existen algunos casos en los que los Estados no han proporcionado ningún tipo de justificación a sus reservas.

En algunos países árabes, se están revisando algunas leyes para reconsiderar la posición del Estado sobre dichas reservas a petición de la sociedad civil y de distintas instituciones nacionales. Es preciso promover pasos positivos como éste, así como realizar mayores esfuerzos destinados a reforzar la concienciación sobre la Convención en círculos políticos y legislativos y en las agencias de cumplimiento de la ley.

CONDICIONES CONSTITUCIONALES

-  Igualdad reflejada en las leyes

La mayoría de las constituciones árabes contienen disposiciones que reconocen el principio de igualdad en general y de igualdad entre hombres y mujeres en particular. Algunas contienen disposiciones específicas sobre la igualdad entre hombres y mujeres, relativas por ejemplo a ocupar cargos públicos, a los derechos políticos y a los derechos y deberes. Algunas también incluyen disposiciones que estipulan el derecho a la igualdad de oportunidades; el deber del Estado de conservar la familia, proteger la maternidad y la infancia y garantizar un equilibrio adecuado entre los deberes de las mujeres de cara a sus familias y su trabajo en la sociedad; y la prohibición del empleo femenino en ciertas industrias o a determinadas horas del día.

Los legisladores árabes y, más concretamente, los legisladores constitucionalistas han respetado el principio de las diferencias de género y han estipulado la necesidad de regular los efectos de dichas diferencias en términos legislativos, lo cual dice mucho a su favor. Desafortunadamente, en muchos ámbitos del derecho los legisladores se han decantado de forma tan marcada hacia el principio de las diferencias de género que han codificado la discriminación de género, infringiendo así el principio de igualdad, que está contemplado en los cánones religiosos y considerado un deber internacional bajo los tratados internacionales.

-  Derechos políticos y públicos de la mujer.

En muchos países árabes, la legislación nacional contiene disposiciones que garantizan los derechos políticos de la mujer y establecen el principio de la paridad entre hombres y mujeres en el ejercicio del derecho de participar en procesos electorales y presentarse a cargos públicos. Sin embargo, pese a la existencia de garantías constitucionales y legislativas que avalan el derecho de la mujer a la participación política, lo cierto es que el alcance real de dicha participación sigue siendo limitado.

La mísera participación femenina en el parlamento en el Mashreq árabe (mundo árabe oriental) debería llevar a los Estados de la región a valorar seriamente la posibilidad de seguir el ejemplo del Magreb árabe (Norte de África), donde la mayoría de los Estados han adoptado un sistema de cuota para garantizar una representación significativa de las mujeres en sus parlamentos.

-  Sistemas de cuota parlamentarios para las mujeres.

Incluso cuando las leyes establecen la igualdad de género en la participación política, dicha igualdad formal prácticamente no ha ayudado a las mujeres que viven en un entorno cultural y social poco propicio a la adquisición y el libre ejercicio de los derechos políticos. La intervención legislativa positiva que consiste en asignar una cuota de escaños parlamentarios a las mujeres permitiría a la sociedad enmendar la injusticia histórica cometida contra ellas. Tal acción también compensaría el tiempo perdido en la entrada en vigor del principio de igualdad de oportunidades recogido en muchas constituciones árabes. El Informe apoya firmemente estas medidas.

-  Incriminación y castigo La discriminación negativa entre hombres y mujeres puede observarse en los códigos penales de algunos Estados árabes. Por ejemplo, en algunos códigos penales árabes, los hombres sólo son considerados culpables de delitos de adulterio si el caso se produce en el hogar conyugal. Las mujeres, en cambio, son declaradas culpables independientemente de dónde se cometa el acto.

Los legisladores árabes han avanzado en la eliminación del sesgo por género en los códigos penales árabes, pero su enfoque sigue siendo ad hoc y poco sistemático. Es preciso realizar esfuerzos para desarrollar un enfoque más intenso y exhaustivo.

-  Las leyes de estatus personal

Las leyes de estatus personal árabes, tanto las referidas a los musulmanes como a no musulmanes, reflejan el sesgo por género, que ha sido sancionado por la ley. Esto se debe a que dichas leyes se basan principalmente en interpretaciones y preceptos teológicos. Estos últimos encuentran sus orígenes en un pasado remoto, cuando la discriminación de género calaba en la sociedad, y han alcanzado un carácter sagrado y absoluto en ese ámbito confuso en el que los principios inmutables del pensamiento religioso se entrelazan con la historia social.

Pese a ello, los datos recogidos en la encuesta de opinión realizada en el marco del Informe indican que la opinión pública árabe está desarrollando una perspectiva más liberal hacia las cuestiones de estatus personal, reclamando, por ejemplo, el derecho de la mujer a elegir a su cónyuge.

-  La falta de codificación en algunos Estados

Las leyes de estatus personal árabes siguen adoptando un enfoque conservador y mostrándose reacias al cambio porque una serie de Estados árabes se resisten a desarrollar un código de estatus personal nacional. Optan, más bien, por dejar el asunto exclusivamente en manos del poder judicial, que está fuertemente influenciado por la naturaleza conservadora de la jurisprudencia islámica clásica (fiqh). Algunos Estados árabes, como Egipto, Líbano, Qatar y Bahrein carecen por completo de un código de estatus personal unificado, mientras que otros tienen códigos de estatus personal unificados para musulmanes.

Los reglamentos de estatus personal para los no musulmanes se basan en los cánones de sus respectivas sectas o grupos religiosos. En la mayoría de los casos, dichos reglamentos recortan seriamente el derecho al divorcio de ambos cónyuges y, en algunos casos, lo prohíben por completo.

En general, puede decirse que la ley de estatus personal en el Magreb es más progresista y menos discriminatoria que en el Mashreq.

-  Nacionalidad

Por lo general, según la legislación árabe, la nacionalidad nativa está determinada por línea paterna. Si el padre es ciudadano de un país árabe, sus hijos adquieren su nacionalidad de forma automática. Los hijos de una ciudadana sólo adquieren la nacionalidad de su madre si la identidad del padre es desconocida o si es apátrida.

Recientemente, los legisladores árabes se han esforzado por corregir las consecuencias inhumanas que provocan los Estados árabes al negarse a otorgar la nacionalidad a los hijos de ciudadanas casadas con extranjeros, una postura consolidada ya en el tiempo (Egipto, Argelia, Líbano). Las leyes de estatus personal árabes siguen adoptando un enfoque conservador y mostrándose reacias al cambio porque una serie de Estados árabes se resisten a desarrollar un código de estatus personal nacional. Optan, más bien, por dejar el asunto exclusivamente en manos del poder judicial, que está fuertemente influenciado por la naturaleza conservadora de la jurisprudencia islámica clásica (fiqh).

LEJOS DE LA LEY OFICIAL

El entorno social es un factor crucial en la discriminación contra la mujer, independientemente de lo que establezca la ley. Como consecuencia de lo que se considera comúnmente como una conducta adecuada o inadecuada para una esposa responsable, decente y virtuosa, la apelación a un tribunal por parte de una mujer para reivindicar sus derechos o los de sus hijos a menudo es percibida como un escándalo público. El resultado es que muchas mujeres se abstienen de reclamar sus derechos familiares mediante procesos legales oficiales. Como consecuencia, las disputas matrimoniales se resuelven en muchas sociedades árabes, bien en el seno de la familia, bien a través de canales no oficiales de arbitraje tribal. Teniendo en cuenta que dichos mecanismos se desarrollaron en el contexto de una cultura dominada por el hombre y marcada por valores masculinos, los fallos de dichos consejos tribales suelen ser, como era de suponer, sesgados.

CONCIENCIA DE IGUALDAD DE GÉNERO ENTRE LOS JURISTAS DEL MUNDO ÁRABE

La cultura tribal árabe, que sanciona la discriminación contra las mujeres, ha tenido una fuerte influencia en las interpretaciones jurídicas que establecen la inferioridad de las mujeres respecto de los hombres. Dicho de otra forma, la cultura dominada por el hombre ha sido un factor crucial en la configuración de las decisiones judiciales, dotándolas de un carácter sagrado.

Algunos legisladores árabes manifiestan hostilidad hacia la igualdad de género, pese a las disposiciones de las constituciones nacionales y las convenciones internacionales suscritas por sus respectivos Estados. Con frecuencia, la aplicación del principio de igualdad de género se topa con las reservas del poder judicial en los distintos países árabes, una resistencia alimentada por el auge de las tendencias fundamentalistas y su creciente impacto en la conciencia jurídica de los jueces árabes. El arraigo del chovinismo masculino entre los miembros de la judicatura de algunos países árabes queda patente en su oposición al nombramiento de juezas.

La discriminación contra las mujeres por parte de la comunidad jurídica también queda reflejada en la manera en la que los jueces utilizan su autoridad discrecional para emitir sentencias más ligeras o duras en los casos en los que uno de los litigantes es una mujer. Muchos intérpretes de la legislación se han hecho eco de esta tendencia discriminatoria de cara al principio de igualdad ante la ley. En contraposición a estas opiniones, existe un corpus de jurisprudencia islámica progresista que interpreta dichos documentos en su contexto y tiende a apoyar el principio de igualdad de género. Sin embargo, la principal escuela de pensamiento ―conservadora― sigue teniendo partidarios en la práctica jurídica y entre los ciudadanos de a pie debido al apoyo que recibe por parte de los clérigos conservadores.

ECONOMÍA POLÍTICA

El grado de “empoderamiento” de las mujeres en los países árabes se ve significativamente influenciado por la economía política de la región. El modo de producción en dichos países está dominado por las economías rentistas y por niveles de rendimiento económico marcados por el escaso crecimiento económico.

La combinación de estas dos características se traduce en las economías árabes en una serie de estructuras de producción débiles y en una falta de medios de expansión, lo cual contribuye al aumento del desempleo y la pobreza. El resultado final es un ciclo de actividad económica que tiene consecuencias desastrosas para el “empoderamiento” económico humano, unas consecuencias que resultan mucho más negativas si cabe cuando se combinan con otras circunstancias sociales que afectan a las mujeres debido a su debilidad económica.

Estas consecuencias desfavorables incluyen el incremento de las tasas de desempleo en los países árabes, especialmente entre licenciados, el consiguiente e inevitable aumento de la pobreza y la distribución desigual de la renta y la riqueza, dado que el mercado laboral es el recurso económico más importante para la mayoría de los ciudadanos de los países menos desarrollados. Considerando que dicha combinación de factores se traduce en un limitado mercado laboral en el mundo árabe y en bajos índices de crecimiento a través de la creación de nuevas oportunidades laborales, las tasas de desempleo de la mano de obra menos cualificada se ven afectadas de forma desproporcionada en el mundo árabe. Esto resulta, a su vez, en la necesidad de recurrir a mano de obra extranjera. Como es natural, los grupos sociales más vulnerables, incluyendo a las mujeres, son quienes se llevan la peor parte.

Un mercado laboral reducido, una lenta creación de puestos de trabajo, la difusión de la educación femenina y la preferencia irracional de la sociedad de contratar a hombres para ocupar los puestos de trabajo son, todos ellos, factores que han contribuido a aumentar el desempleo entre las mujeres, especialmente las mujeres con formación, incluso en los países árabes que importan trabajadores no árabes.

Asimismo, el Estado se ha retirado de la actividad económica y de servicios y ha limitado el empleo público, que había sido anteriormente la modalidad de empleo preferida por las mujeres así como el bastión de sus derechos. Como resultado, la región está registrando una abundancia de capital humano cualificado femenino que sufre tasas de desempleo superiores a la media.

Otro factor que merma a las mujeres en términos económicos es el sesgo contra la mujer que existe en el mundo laboral, especialmente en el sector privado, y que ha conducido a una disminución de los ingresos relativos de las mujeres.

INSTITUCIONES GUBERNAMENTALES Y LA LIBERACIÓN O MARGINACIÓN DE LAS MUJERES ÁRABES

Designar a mujeres para ocupar posiciones ministeriales ha sido una norma general en la mayoría de gobiernos árabes desde la década de los noventa como mínimo, tendencia que se ha consolidado de forma constante desde entonces.

Sin embargo, la naturaleza de la participación femenina en el gobierno ha sido por lo general o bien simbólica (una o dos ministras en la mayoría de los casos) o bien social (por lo general ministerios de asuntos sociales o relativos a la mujer) o bien condicional (el número de ministras varía con los numerosos cambios de gobierno).

Es innegable que las mujeres han alcanzado la representación en las instituciones gubernamentales árabes, ya sea como resultado de presiones internas, externas o ambas. Con todo, dicho progreso sigue siendo limitado. Las mujeres que ocupan puestos de toma de decisiones tienden a ser marginadas en una cultura ejecutiva fundamentalmente orientada hacia los hombres. Mientras que la participación femenina en el parlamento ha despegado y la igualdad entre los sexos figura como uno de los principios de las constituciones árabes, su poder e influencia siguen siendo relativamente parciales. De hecho, algunos Estados siguen sin aplicar el principio de igualdad a sus leyes electorales. Lo que es más, el hecho de que haya escaños parlamentarios ocupados por mujeres no significa necesariamente que las mujeres estén democráticamente representadas; dicha representación puede reflejar concesiones realizadas a un grupo de mujeres apoyadas por el Estado frente a otras mujeres que están al margen de las fuerzas políticas dominantes.

Los partidos políticos árabes han respaldado la causa general de las mujeres, pero sus divergencias comienzan una vez pasado este punto de acuerdo inicial. Los fracasos políticos de las reformas o el cambio en la región han conducido a fuertes polémicas, que han derivado a su vez en marcadas divisiones políticas, la balcanización del mapa de partidos políticos en los países árabes y la fragmentación de las posiciones de los partidos con relación al tema de la mujer. No obstante, algunos partidos políticos han contribuido a la promoción de los temas de la mujer. Asimismo, las crecientes demandas formuladas por grupos de mujeres árabes para solicitar cuotas que les permitan alcanzar posiciones de mando y la creciente respuesta afirmativa de los gobiernos a este respecto han propiciado algunos cambios positivos. El sistema de cuotas también ha ayudado a las mujeres a acceder a los consejos de gobierno locales.

LA SOCIEDAD CIVIL ÁRABE Y LA CUESTIÓN DE LA MUJER

Muchas leyes árabes especifican que las asociaciones sociales privadas y de mujeres tienen prohibido implicarse en cuestiones políticas. Este obstáculo legal a la libertad de expresión y opinión denota que la política está al margen de las actividades de la sociedad civil y del trabajo benéfico y social privado.

Pese a la importancia de estas organizaciones y grupos a la hora de proporcionar servicios que necesitan algunos sectores de la población femenina, existen dudas acerca de su capacidad para cambiar la relación de poder sexista que predomina en las sociedades árabes. Con frecuencia, la representación de las mujeres en dichos grupos está limitada a la clase media educada, lo cual significa que las mujeres que se encuentran en situaciones de una mayor privación y necesidad quedan fuera de juego. La difusión de este tipo de organizaciones sociales no implicaría necesariamente una mayor representación política y social para todos los sectores de la población femenina. Muchas de estas organizaciones no pretenden agrupar a mujeres para que defiendan sus derechos e intereses; sus derechos son defendidos más bien en términos generales puesto que se considera que alcanzar dichos derechos está en el interés de todas las mujeres.

DISTINTAS POSICIONES POLÍTICAS SOBRE LA CUESTIÓN FEMENINA

Las fuerzas políticas árabes no se oponen a la promoción de la mujer árabe ni a su participación política y social; todas aceptan la igualdad jurídica y política de las mujeres. El problema reside en la forma en la que dichas fuerzas aplican estos principios en la vida política y las actividades de los partidos políticos.

Las fuerzas políticas árabes no se oponen a la promoción de la mujer árabe ni a su participación política y social; todas aceptan la igualdad jurídica y política de las mujeres. El problema reside en la forma en la que dichas fuerzas aplican estos principios en la vida política y las actividades de los partidos políticos.

-  ACTITUDES ISLÁMICAS EN TORNO A LA MUJER

La actitud de los movimientos salafistas siempre ha sido clara; desde su punto de vista, el lugar que debe ocupar la mujer se encuentra en la casa y su papel no es otro que cuidar de su familia. Pese a haber aceptado el derecho de las mujeres al voto por analogía con el juramento de lealtad al gobernador, estos movimientos rechazan tajantemente el derecho de las mujeres a optar a y ocupar cargos públicos “con el fin de evitar riesgos” (saldan lil-dhara’i). Los salafistas se oponen a la idea de que la mujer desempeñe un papel activo en la sociedad civil, de ahí que adopten una división del trabajo social que limita el papel de la mujer a la reproducción, la maternidad y la crianza de los hijos, advirtiendo contra los riesgos que entraña mezclar ambos sexos. Lo máximo que puede esperarse de los salafistas es que acepten la actividad feminista independiente en el seno de las organizaciones benéficas privadas.

Al otro lado de la balanza se encuentran los Hermanos Musulmanes, que adoptan una posición de principio en defensa de los derechos políticos de la mujer, aceptando las interpretaciones independientes de académicos contemporáneos como al-Ghazali y al-Qaradawi, que están basadas en la jurisprudencia.

En última instancia, el reto al que se enfrentan los islamistas es cómo desarrollar una visión islámica alternativa en torno al tema de la mujer que pueda coexistir con tendencias discordantes o contrarias. Asimismo, deberán plantearse cómo promover la posición de la mujer tanto en la teoría como en la práctica, no ya como resultado de la construcción de la sociedad islámica que persiguen sino como una de las condiciones que han de darse para dicha construcción.

PRESIONES EXTERNAS A FAVOR DE LA PROMOCIÓN DE LA MUJER EN LOS PAÍSES ÁRABES

La agenda internacional ha sido testigo de cambios fundamentales desde principios de la década de los noventa, debido a la creciente importancia de cuestiones tales como los derechos humanos, los derechos de la mujer y de las minorías y el cambio democrático. Los llamamientos al cambio del estatus de la mujer realizados desde todos los rincones del mundo han presionado a los países árabes para que tomen decisiones al respecto.

Sin embargo, para muchos gobernantes árabes, el tema de los derechos políticos de la mujer se convirtió en una especie de fachada democrática. Las mujeres han sido un símbolo fácilmente manipulable para los países que querían escapar a las críticas políticas vertidas contra sus condiciones antidemocráticas en un momento en el que los informes sobre derechos humanos y sobre la situación de la mujer reclamaban un cambio de postura.

El Informe observa que la nueva oleada de interés occidental en promover la posición de la mujer ha llevado a los donantes a apoyar proyectos únicamente porque eran impulsados por instituciones visiblemente femeninas o feministas; o respaldar cualquier proyecto que dijera reforzar el papel de la mujer. Apenas se han realizado estudios adecuados para medir el efecto de dichos proyectos sobre el estatus de las mujeres árabes en la sociedad, en la familia o en relación con el Estado. Las presiones occidentales y la rápida respuesta ofrecida en algunos países árabes son especialmente palpables en lo que se refiere a la representación de las mujeres en el marco político, ya sea en el parlamento o en el gabinete ministerial.

El Informe describe a continuación una serie de desarrollos positivos relativos a la concienciación y la situación de las mujeres árabes que son fruto de la aceleración del movimiento mundial de la mujer producida tras la Conferencia Internacional de Mujeres celebrada en Beijing en 1995.

UNA VISIÓN ESTRATÉGICA: DOS “ALAS” QUE PERMITIRÁN A LAS MUJERES ALZAR EL VUELO

-  ASPECTOS PRINCIPALES

La promoción de la mujer árabe debe ir más allá de un mero cambio simbólico que permita que una minoría selecta de mujeres árabes alcance posiciones de liderazgo en las instituciones públicas. Debe traducirse, más bien, en la promoción de amplios sectores de la población femenina en su conjunto.

En términos de desarrollo humano, la promoción de la mujer árabe requiere, en primer lugar, que todas las mujeres árabes gocen de plenas oportunidades para adquirir las capacidades fundamentales, sobre todo en lo que respecta a la salud. Es un requisito fundamental que todas las niñas y mujeres árabes sean capaces de adquirir conocimientos en la misma medida que los niños y hombres.

En segundo lugar, es necesario conceder plenas oportunidades a las mujeres árabes para que puedan participar en todas las formas de actividad humana fuera del seno familiar en igualdad de condiciones con respecto a los hombres y de la manera que consideren oportuna.

También es fundamental que se conceda un valor social adecuado al papel de la mujer en la familia como aportación indispensable para el establecimiento de una estructura social sólida capaz de apoyar el proyecto de renacimiento del mundo árabe. De ahí la importancia capital de la reforma educativa en los países árabes, una reforma que garantizará la igualdad de oportunidades para las niñas en la adquisición y aplicación de conocimientos, tanto dentro como fuera del seno familiar.

El Informe también insta a una adopción temporal del principio de acción afirmativa con el fin de aumentar la participación de las mujeres árabes en todos los ámbitos de la actividad humana de acuerdo con las circunstancias específicas de cada sociedad. Esto permitirá desmontar estructuras centenarias de discriminación de la mujer.

En línea con los llamamientos realizados en Informes anteriores a favor de reformas sociales exhaustivas basadas en derechos, la mejora del estatus de las mujeres árabes pasa por:

-  • El pleno respeto a los derechos de ciudadanía de todas las mujeres árabes.

-  • La protección de los derechos de la mujer en el ámbito de las cuestiones personales y las relaciones de familia.

-  • Garantías del pleno respeto hacia los derechos y libertades personales de las mujeres y, en concreto, de su protección frente al abuso físico y psicológico.

La consecución de estos derechos requiere cambios legales e institucionales de envergadura destinados a poner la legislación nacional en línea con la CEDAW.

El Informe también insta a una adopción temporal del principio de discriminación positiva (“acción afirmativa”) con el fin de aumentar la participación de las mujeres árabes en todos los ámbitos de la actividad humana de acuerdo con las circunstancias específicas de cada sociedad. Esto permitirá desmontar estructuras centenarias de discriminación de la mujer.

El Informe contempla estas reformas sociales como una de las alas del pájaro que simboliza el ascenso de la mujer en el mundo árabe.

La segunda ala corresponde al desarrollo de un movimiento amplio y eficaz de lucha en la sociedad civil árabe. Este movimiento implicará a las mujeres árabes y a partidarios masculinos en una reforma social cuidadosamente diseñada, por un lado y, por otro, permitirá que todas las mujeres árabes recojan los frutos del cambio que contribuye a la promoción de la mujer y de la región en su conjunto.

LA PRIMERA ALA: REFORMA SOCIAL PARA LA PROMOCIÓN DE LA MUJER

Esta ala aborda los cambios de actitud y la reforma de los marcos culturales. Más concretamente, velará por modernizar la interpretación y jurisprudencia religiosa a través de una amplia adopción de las lecturas ilustradas del pensamiento religioso independiente o ijtihad. Es preciso que dicho pensamiento independiente deje de estar al servicio de las instituciones y figuras religiosas existentes, para convertirse en el derecho y deber de todo musulmán erudito, hombre o mujer, que tenga capacidad para dedicarse al estudio de su religión.

Los esfuerzos destinados a superar las actitudes deberán extenderse a los nuevos programas y métodos de educación social que promuevan la igualdad de trato entre hombres y mujeres. Asimismo, se colaborará con los medios de comunicación para concienciar a la opinión pública sobre la relevancia de la CEDAW. Los esfuerzos realizados para superar los obstáculos estructurales incluirán reformas políticas y legislativas de gran alcance en los ámbitos mencionados en este Informe. Dichas reformas se refieren concretamente a las funciones del poder judicial a todos los niveles, y también a todas las funciones políticas, administrativas, locales y académicas y demás funciones de liderazgo.

Para cambiar las actitudes los esfuerzos deberían extenderse al campo educativo y a los medios de comunicación. Por otra parte, para superar los obstáculos estructurales se requieren reformas políticas, legislativas y judiciales así como nuevas formas de liderazgo.

En concreto, es preciso promover una cultura fundada en la igualdad de trato y el respecto de los derechos humanos entre los hombres del poder judicial y todas las personas responsables de garantizar la observancia del Estado de derecho.

La primera ala también abordará el tema de la justicia social, tratando de reducir la difusión de la pobreza de ingresos al promover el crecimiento económico y de alcanzar una mayor justicia en la distribución de la renta. Al mismo tiempo, hará lo posible por invertir el aumento de la pobreza humana, que se refiere a la negación de oportunidades para la adquisición y el ejercicio eficaz de las capacidades básicas. Entre los mecanismos más importantes para la consecución de la justicia social se encuentra el gasto en los ámbitos de la educación, la salud y las redes de seguridad social.

La última prioridad que se enmarca dentro de esta primera ala consiste en oponerse a la restricción de las libertades personales de las mujeres. Esto implica inculcar la idea de que todas las formas de violencia contra las mujeres constituyen una degradación de la condición humana. Implica, también, la promulgación de leyes que penalicen la violencia contra las mujeres y la creación por parte de los Estados y de la sociedad civil de refugios seguros para las mujeres que hayan sido víctimas de la violencia.

LA SEGUNDA ALA: UN MOVIMIENTO SOCIAL ADECUADO PARA CONTRIBUIR A LA PROMOCIÓN DE LA MUJER

El Informe sostiene que la promoción de la mujer no puede ni debe separarse del amplio y eficaz movimiento de la sociedad civil árabe destinado a alcanzar el desarrollo humano para todos. Dicho movimiento será el medio que permitirá a las mujeres árabes y a sus partidarios masculinos alcanzar un mayor poder e influencia. Tendrá dos niveles. El primero será nacional e involucrará a todos los sectores de la sociedad en todos los países árabes. El segundo será regional, y estará fundamentado en redes transfronterizas encargadas de coordinar y apoyar los esfuerzos realizados a nivel regional para crear un movimiento árabe exhaustivo a favor de la promoción de la mujer árabe, que se beneficie de las tecnologías de la información y comunicación más avanzadas. El movimiento propiciará la creación de organizaciones activas de la sociedad civil en el mundo árabe, que estarán a su vez vinculadas a las organizaciones internacionales políticamente neutrales y de la familia de la ONU que se dediquen a defender los derechos de la mujer.

Este movimiento comenzará centrándose en dos bloques de prioridades:

-  1. Eliminación del legado de privación de las mujeres en los ámbitos de la salud y el conocimiento a través de la educación

-  Salud Es preciso garantizar que todas las mujeres disfruten de buena salud, en el sentido más amplio y positivo de la palabra. Por tanto, el movimiento general destinado a garantizar una buena salud para todos, que sea parte integral del desarrollo humano, debe incluir necesariamente una disposición que vele por satisfacer las necesidades de los más débiles, en general, y las mujeres en particular. La puesta en práctica de las recomendaciones del Informe para la erradicación de la pobreza, sobre todo de la pobreza humana, es relevante en este sentido.

-  Fin de la negación del derecho a la educación a niñas y mujeres Terminar de una vez por todas con la privación del derecho de las niñas y mujeres a recibir una educación durante un período de unos diez años es un requisito fundamental. Este movimiento deberá embarcarse durante una década en un programa serio que tenga dimensiones oficiales y cívicas, así como regionales y nacionales, y que garantice una educación básica completa para todas las niñas y jóvenes. El objetivo será alcanzar, para el año 2015, la erradicación del analfabetismo árabe femenino, y asegurar que todas y cada una de las niñas árabes reciban doce años de escolarización básica.

-  2. Eliminación de los obstáculos persistentes que impiden que las mujeres hagan uso de sus capacidades del modo que consideren oportuno

Las prioridades en este ámbito incluyen:

-  • Acelerar el índice de crecimiento económico para permitir la creación de oportunidades laborales a gran escala. El aumento significativo del precio del crudo durante los últimos años representa una fuente de ingresos que puede ayudar a las economías árabes a desarrollar y diversificar su infraestructura productiva.

-  • Luchar contra los obstáculos culturales que impiden a las mujeres hacer un uso pleno de sus capacidades en el trabajo en todos los ámbitos de desarrollo humano, tal y como decidan libremente.

-  • Garantizar la igualdad de oportunidades laborales para todos, hombres y mujeres, en las constituciones, la legislación y los mecanismos de implementación árabes.

-  • Tomar las medidas necesarias para que las mujeres disfruten de condiciones de trabajo adecuadas que respeten la dignidad humana y, cuando sea necesario, aplicar medidas de discriminación positiva para proteger sus roles en la familia, sin que tengan que pagar por dicho trato preferencial a través de una reducción de sus privilegios laborales frente a los hombres.

-  • Construir mecanismos para la creación de un mercado laboral moderno y eficiente a nivel regional y nacional, que se muestre tan abierto hacia los hombres como hacia las mujeres.

CONCLUSIÓN Este Informe sostiene que la promoción de la mujer es un requisito previo necesario para el desarrollo de un renacimiento árabe que está inevitable y causalmente vinculado al destino del mundo árabe y a sus logros en materia de desarrollo humano.

Pese a la igualdad de derechos de la mujer árabe contemplada bajo el derecho internacional, sus virtudes y logros manifiestos en distintos ámbitos de la actividad humana y sus inestimables aportaciones a la familia y la sociedad, muchas mujeres se encuentran con que no pueden desarrollar y utilizar sus capacidades en igualdad de condiciones respecto de los hombres.

En la vida pública, los factores culturales, legales, sociales, económicos y políticos impiden a las mujeres disfrutar de una igualdad de acceso a la educación, la sanidad, las oportunidades laborales y los derechos de ciudadanía y representación.

En la vida privada, los modelos tradicionales de educación y las leyes discriminatorias de familia y de estatus personal perpetúan la desigualdad y la subordinación. En un momento en el que el mundo árabe necesita desarrollar y aprovechar las capacidades de todos sus ciudadanos, nos encontramos con que la mitad de su potencial humano es a menudo reprimido o ignorado.

A corto plazo, la aplicación de acciones afirmativas temporales que refuercen la participación femenina en la sociedad y desmantelen una discriminación ya centenaria es tanto legítima como imperativa. Ahora bien, para garantizar un progreso exhaustivo de la mujer árabe es necesario acelerar y ampliar los logros pasados a través de un proyecto de renacimiento colectivo: una transformación histórica que integre a toda la sociedad árabe y que trate de garantizar los derechos de ciudadanía de todos y cada uno de los árabes, hombres y mujeres por igual.

Los autores esperan que la transformación que reclaman se lleve a cabo en el que, desde su punto de vista, es el escenario más adecuado: un apasionante proyecto de renacimiento humano (izdihar) basado en un proceso de negociación pacífico que vele por la redistribución del poder y la construcción del buen gobierno.

Garantizar a las sociedades árabes las libertades básicas de opinión, expresión y reunión facilitará la creación de una sociedad civil dinámica y eficaz, que se convertirá en la punta de lanza de un proceso pacífico que impedirá el desastre inminente cuyas oscuras nubes se ciernen hoy sobre más de un país árabe clave.

Traducción del Inglés: Real Instituto Elcano

http://www.realinstitutoelcano.org

Fuente: United Nation Development Programme - UNDP -

http://www.grc.ae/?sec=Arab+Human+Development+Report

Acceso al Informe completo:

http://www.mediterraneas.org/doc/AHDR2005.pdf

(1): Equipo de elaboración del Informe:

Advisory Boar:

Rima Khalaf Hunaidi (Chair), Ahmed Kamal Aboulmagd, Haifa Abu Ghazaleh, Fowziyah Abu-Khalid, Nidal Al-Ashkar, Aziz Al-Azmeh, Khadija Ahmed Al-Haisami, Nasser Al-Kahtani/ Jebrine Al-Jebrine (Arab Gulf Programme for United Nations Development Organizations), Farida Allaghi, Nabil Alnawwab / Fatima Sbaity (Economic and Social Commission for Western Asia), Soukaina Bouraoui, Mohamed Charfi, Hani Fahs, Ziad Fariz, Mohammed Fayek, Fahmy Howeidy, Taher H. Kanaan, Clovis Maksoud, Bader Malallah (Arab Fund for Economic and Social Development), Abdelouahab Rezig, Abdulaziz Sager, Leila Sharaf, Haifa Zangana.

Core Team:

Nader Fergany (Co-Leader), Islah Jad (Co-Leader), Kamal Abdellatif, Ebtisam Al-Kitbi, Mohamed Nour Farahat, Haytham Manna, Naila Silini.

Contributing Authors:

Kamal Abdellatif, Rula Abu-Duhou, Fowziyah Abu-Khalid, Lamis Abu Nahleh, Badria Abd Allah Al-Awadhi, Aziz Al-Azmeh, Ali Abdel Gadir Ali, Baqer Alnajjar, Madawi Al-Rasheed, Mustapha K. Al Sayyid, Mohammed Aref, Mohsen Awad, Munir Bashshur, Noha Bayoumi, Rachida Benmessaoud, Azmi Bishara, Mohamed Charfi, Hafidha Chekir, Khadija Cherif, Mouna Cherkaoui, Violette Daguerre, Abdelwahab El-Affendi, Hoda Elsadda, Ikbal El Ameer El Samalouti, Heba Raouf Ezzat, Mohamed Nour Farahat, Samir Farid, Mona Fayad, Hala Fouad, Abdelaziz Guessous, Hassina Hamzaoui, Nadia Hijab, Fahmi Howeidy, Islah Jad, Nadim Jarjoura, Nahawand Kadiri, Elham Kallab, Azza M. Karam, Fadia Kiwan, Eileen Kuttab, Maroun Lahham, Latifa Lakhdar, Mohammed Malki, Haytham Manna, Moncef Marzouki, Zineb Miadi, Emily Nasrallah, Naziha Rjiba, Nader Said, Rafif Sidaoui, Naila Silini, Mustapha Touaiti, Mohsen Tlili, Marie Rose Zalzal.

Readers Group: (Arabic)

Khalid Abdalla, Ghanim Alnajjar, Abdulkarim El-Eryani, Nawal Faouri, Samia Fessi, Najla Hamadeh, Maryam Sultan Lootah, Gamil A. Mattar, Hassan Nafaa, Hassan Rahmouni, Marie Rose Zalzal.

(English) Leila Ahmed, Sakiko Fukuda-Parr, Ziad Hafez, Rami G. Khouri, Dina Rizk Khoury, Tufan Kolan, Omar Noman, Maureen O’Neil, William Orme, Marina Ottaway, Eugene L. Rogan, Mark Tessler, Richard J. Wilson.

UNDP RBAS / UNOPS Amat Al Alim Ali Alsoswa, Nada Al-Nashif, Benjamin Craft, Melissa Esteva, Ghaith Fariz (Report Coordinator), Oscar Fernandez-Taranco, Jacqueline Ghazal, Sausan Ghosheh, Randa Jamal, Mary Jreidini, Azza M. Karam (Report Coordinator), Jeremy King, Madi Musa, David Morrison, Julia Niggebrugge, Winmin Nu, William Orme, Ghia Osseiran.

Editorial Team:

Arabic Version: Fayiz Suyyagh English Version: Zahir Jamal (Editor), Barbara Brewka (Associate Editor)