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La encrucijada de las turcas

Por Isabel García Zarza
22 de junio de 2005

Al Gran Bazar de Estambul acuden por la mañana, antes de que lleguen las hordas de turistas, grupos de mujeres turcas para comprar regalos de boda o piezas que faltan para d ajuar de una novia. Si se trata de una familiar muy cercana, regalarían oro, en monedas o en joyas. Hamide Topolo, un ama de casa de 33 años, ha venido con tres amigas a comprar un regalo para una prima. Todas llevan coloridos pañuelos en la cabeza y abrigos grises hasta los pies, y están discutiendo con animación en un puesto de ricos tejidos. Ninguna de las cuatro trabaja, pero, si lo hicieran en alguna institución pública, en un colegio 0 en la Universidad, no podrían Urnr la cabeza cubierta- La prohibición del velo en los edificios oficiales es uno de los pilares del laicismo estatal turco y el origen de un enorndidísimo debate entre los detractores y los defensores de este símbolo islámico.

En las ajetreadas calles de Estambul casi la mitad de las mujeres lo lleva, y esa proporción aumenta notablemente en las zonas rurales. Son muchas las que se quejan por no podcr ir capadas en todas partes. El debate es especialmente candente en las universidades, donde algunos padres no quieren enviar a sus hijos “A mí me gustaría que mi hija pudiera ir a clase tapada", afirma Hamide Topob, mientras compara diferentes brocados para regalarle uno a su prima.

VELO SÍ, VELO NO

Foto: Ergun Candemir
Foto: Ergun Candemir
En los últimos meses ha habido varia protectas exigiendo que se levante esa prohibición y el Gobierno del primer ministro, el islamista moderado Ercep Tayyip Erdogan, ha coqueteado con la idea de permitir el uso del pañuelo. La cuestión ha hegado induso al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo donde una estudiante turca, Leyla Sahin, presentó una demanda contra el Gobierno de su país después de que la Universidad de Es rechamn iascribirla en los exámenes por llevar velo. El propio primer mistro tiene el problema en su casa: su mujer va siempre cubierra -y de hecho casi nunca le acompaña en viajes al exterior, porque su marido daría una pésima imagen de Turquía- y ha enviado a sus hijas a las universidades norteamericanas para que puedan ir a clase con la cabeza tapada.

Esta discusión sobre el velo es un sólo una pequeña muestra del mosaico multicolor que compone Turquía, país en el que existe un verdadero abismo entre los sectores progresima y europeizados y los más conservadores. Actualmente, la sociedad turca está inmersa en un imparable proceso de cambio, y su evolución tendrá trascendencia también para la Unión Europea y el resto de los países musulmanes.

En las deprimidas zonas rurales dd Este. una mujer, para casarse, debía saber cocinar la berenjena de al menos. 12 maneras distintas. O preparar unos diminutos raviolis con tal maestría que cupieran 40 en una cuchara sopera. Estas tradiciones han perdido fuerza. Pero en la compleja sociedad turca, en la que d 98% de la población se declara musulmana, aún quedan muchas trabas pan la emancipación femenina.

Muchos de estos obstáculos han desaparecido hace tres semanas, con la esperada entrada en vigor del nuevo Código Penal, que ha eliminado conceptos patriarcales como el honor, la moralidad y la decencia, y ha devuelto a las mujeres su propio cuerpo, hasta entonces considerado una propiedad de la familia o de la sociedad.

Por primera vez, se nombran explícitamente los crímenes sexuales, antes llamados crímenes contra la moralidad pública o la familia. También se ha criminalizado la violación dentro del matrimonio y se ha dado un paso importante para erradicar la costumbre ancestral de los crímenes de honor, al imponer condenas mucho más altas que las vigentes hasta ahora. Y se ha eliminado el artículo que preveía una reducción, o in­cluso la suspensión, de las sentencias por violación o secuestro en el caso de que el atacante se casara con su víctima.

TURQUÍA MIRA A EUROPA

Este nuevo Código se engloba dentro de los esfuerzos realizados por el Gobierno para mostrar a la Unión Europea su compromiso con la modernización de Turquía y su intención de cumplir los requisitos impuestos por Bruselas para dar luz verde a las negociaciones de adhesión. Y el Ejecutivo turco sabe bien que uno de los principios rectores del club europeo, a cuya puerta Turquía está llamando desde 1963, es la igualdad entre hombre y mujer. Por eso, el año pasado impulsó también la reforma del Código Civil, para abolir la supremacía del hombre en la familia. E1 Gobierno del Partido de la justicia y el Desarrollo ha dado, sin embargo, algún paso en falso, muy revelador de su verdadera concepción de la sociedad, como cuando propuso que se criminalizara el adulterio con el pretexto de proteger a las mujeres casadas. Otro importante traspié en ese camino hacia Europa fue la violenta represión policial, en marzo pasado, de una marcha de mujeres que pedían que se reconocieran sus derechos. Las instituciones europeas pusieron el grito en el cielo y siguen observando con lupa los pasos de Ankara.Foto: Ergun Candemir

Las negociaciones turcas para entrar en la UE, cuyo inicio estaba previsto en principio para el 3 de octubre, podrían durar hasta 10 años y ni siquiera está garantizado que conduzcan a su incorporación. El reciente triunfo del no en los referendos sobre la Constitución Europea de Francia y Holanda -donde la inquietud por la entrada de Turquía fue un elemento importante- podría complicar este calendario. Pero lo que sí es cierto es que estos coqueteos con Europa están actuando como un revulsivo para la evolución del país, refundado en 1923 por Mustafa Kemal, Ataturk, sobre los restos del Imperio Otomano. «Tratar de entrar en la UE tiene efectos muy positivos para nosotros. Sabíamos que debíamos cambiar, pero necesitábamos un empujón para modernizarnos, como ya hicieron España y Grecia. El cambio ya ha empezado y aunque Bruselas no nos acepte, ya no hay marcha atrás», afirma Irem Yuce, directora de la revista Istanbul Life.

Irem es una joven y moderna periodista que se considera afortunada por haber podido tener varias relaciones e incluso haber vivido con su pareja antes de casarse. Viendo la amplia redacción en la que trabaja, integrada en su mayoría por chicas jóvenes, cuesta creer las bajísimas tasas de empleo femenino en el país: sólo e1 26% de las mujeres tienen un empleo remunerado. Esta cifra puede esconder también el trabajo no registrado que realizan numerosas mujeres en empresas familiares, pero, aun así, la tasa es baja y quedan por vencer muchos prejuicios para que aumente. «Una gran parte de las mujeres piensa que al casarse hay que dejar de trabajar y preocuparse sólo de la familia. A muchas de mis amigas, sus maridos no les dejan trabajar», se queja Sezeb Tutucu, camarera en el barrio más europeo de Estambul, donde las calles están llenas de terrazas con jóvenes vestidos a la última moda.

BAJA ESCOLARIZACIÓN DE LAS NIÑAS

La insuficiente incorporación femenina al trabajo representa un serio inconveniente. «La mujer tiene un problema básico de falta de libertad económica, porque en este aspecto siempre domina el hombre», ase­gura Nurten Dayuiglu, de 35 años, cubierta de la cabeza a los pies con el negro carsaf (palabra turca que significa sábana y que define al equivalente del chador). Ella no ha trabajado nunca, y ni siquiera comenta si le habría gustado hacerlo: se dedicó a cuidar a sus tres hijos. En esta soleada tarde de primavera ha acudido con otras mujeres de su familia a la mezquita de Eyup, concurrido lugar de peregrinación en la parte antigua de Estambul. Están sentadas, cubiertas de negro, en unos bancos a la sombra y, después de mucho insistir, Nurten accede a hablar con YO DONA, pero unos minutos después llega su marido y pone fin bruscamente a la conversación.

La independencia económica de las mujeres turcas tiene mucho que ver con las insatisfactorias cifras que revelan los datos sobre educación: hasta un 19% de ellas son analfabetas y en las zonas del sudeste están escolarizadas solamente el 50% de las niñas. «El sistema educativo necesita reformas. También hay un problema económico. Muchas familias no pueden permitirse mandar a sus hijas al colegio y les buscan un marido. Hay todavía muchos matrimonios arreglados», denuncia Ferai Tinc, columnista del diario Hurriyet. En este contexto, tienen especial importancia las iniciativas públicas y privadas puestas en marcha para apoyar la escolarización de las niñas y el acceso de la mujer al trabajo, como la fábrica de confección abierta en su Anatolia natal por Aynur Bektas, presidenta de la Asociación Turca de Empresas Textiles y una de las principales empresarias del país. Aynur, una mujer hecha a sí misma, creó su propia empresa textil con 37 años. Ahora, Hey Tekstil es la número uno en el sector de la confección y da trabajo a 6.000 personas en varios lugares del país. «En Turquía, las mujeres se frenan a sí mismas. Y tenemos que pelear por lo que nos corresponde», afirma esta exitosa empresaria.

Fuente: Yo Dona/ El Mundo