La ONU dice que el 51 % de migración internacional son mujeres

Viernes 25 de marzo de 2005.

Casi 90 millones de mujeres viven fuera de su país de origen y contrario a lo que sucede con los varones, ellas están cada vez más motivadas por razones de superación personal que por cargas familiares, según un informe divulgado este jueves por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En el estudio denominado La mujer y la migración internacional, el Departamento de Asuntos Sociales y Económicos de la ONU analiza la situación general de las mujeres que emigran y su repercusión en el desarrollo de sus países de origen.

El documento, difundido por el portal de noticias Mujereshoy, señala que en al año 2000 el porcentaje de mujeres sobre el total de inmigrantes internacionales era de 49 por ciento y se calcula que en la actualidad llega a 51 por ciento.

Indica que el número de inmigrantes internacionales se ha incrementado de forma sostenida durante las últimas cuatro décadas y en 2000 se elevó a una cifra estimada de 175 millones, muy por encima de los 75 millones de 1960.

Algunas estadísticas del estudio revelan que se mantiene la tendencia migratoria ascendente de las mujeres, que suponen ya el 54 por ciento de los inmigrantes documentados en Estados Unidos, el principal país receptor.

BUSCAN PAPELES ACTIVOS Y AUTONOMIA

Por su parte, el subsecretario para Asuntos Políticos y Económicos de la ONU, el colombiano José Antonio Ocampo, manifestó que las mujeres que aceptan el reto de la inmigración aspiran a desempeñar papeles más activos y autónomos, y en general, hacen aportes valiosos en ambos extremos de las corrientes migratorias.

El funcionario destacó que “cada vez más la inmigración de las mujeres es de carácter voluntario para mejorar sus oportunidades personales”.

Muchas se convierten en las principales fuentes de ingresos familiares o incluso remiten una proporción muy elevada de sus salarios a sus hogares de origen, agregó.

Precisó que América Latina y el Caribe se encuentran entre las regiones del mundo en desarrollo que tienen la mayor proporción de inmigrantes en general, y también de mujeres.

En dicha región, la inmigración de mujeres era de 2,9 millones en 2000, en comparación con un total de 5,9 millones de inmigrantes internacionales en ese año, según datos de la ONU.

Ocampo destacó que las mujeres migrantes también enfrentan problemas y riesgos, como el hecho que muchas de ellas padecen el desempleo o la discriminación al obtener salarios inferiores.

COMO SIEMPRE, GANAN MENOS

“Las mujeres inmigrantes tiene una tasa de desempleo mayor y su remuneración laboral es inferior a la de los hombres inmigrantes y que las mujeres nativas de los países a los que emigran”, puntualizó.

Otro de los problemas que sufren las mujeres inmigrantes es la cuestión de la reunificación familiar, apuntó Ocampo, quien subrayó que la inmigración dentro de América Latina no sólo se dirige a países industrializados del norte, que reconocen por ley el derecho a la reunificación de las familias, sino dentro de la propia región, donde no se reconoce este derecho.

Entre los destinos regionales, destacó Costa Rica, país al que emigra la población nicaragüenses; República Dominicana, en donde existe un alto porcentaje de haitianas; y Argentina, cuyos inmigrantes proceden de Bolivia.

Ocampo enfatizó en los peligros que corren las mujeres refugiadas, que junto con sus dependientes representan el 70 por ciento de todos los refugiados del mundo.

Por fortuna, dijo en América Latina el problema de los refugiados se ha reducido, porque estuvo asociado a las crisis políticas centroamericanas.

En este sentido, el informe expone que la trata de personas para la prostitución y el trabajo forzado es una de las esferas de más rápido crecimiento dentro de los movimientos migratorios.

La peor situación que viven la mujeres es la criminalidad, sostiene el subsecretario para Asuntos Políticos y Económicos de la ONU, que asociada con la explotación sexual, por lo que es necesario el establecimiento de medidas de corte internacional que cobijen las posibles formas de detener esta forma de explotación aberrante.

Agregó que los Gobiernos, a través de sus legislaciones, deberían también hacer más para frenar este fenómeno con leyes que combatan a las bandas de traficantes, y a su vez protejan y den información a las mujeres para evitar ser objeto de estos abusos.

Fuente: CIMAC


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