Cada día 600 mujeres marroquís abortan pese a que la ley lo prohíbe salvo en caso de riesgo para la madre

Por Beatriz Mesa

 

Foto: XAVIER JUBIERRE

Seiscientas marroquís cometen a diario un «homicidio voluntario», según la justicia del país. «Un aborto involuntario», lo llaman jóvenes como Hadiya. Su pareja le dejó el cerebro hecho puré. «Abortas o te dejo, abortas o te dejo», le repitió hasta la saciedad Tarik, quien la obligó a hacerlo y casi la arrastró hasta los pasillos de una clínica clandestina en Casablanca.

No pudo confiarle a nadie su pesar, su angustia de someterse a una operación con la que no estaba de acuerdo, pero que al mismo tiempo sentía que debía realizar porque se lo estaba jugando todo. Tenía un coste personal, ya que el hombre de su vida la amenazaba con el abandono, y un coste familiar que, la mayoría de las veces, es el más cruel: expulsión del domicilio y repudio, ya que en la virginidad de la hija reposa el honor de toda una familia conservadora. «Mantener relaciones sexuales extramatrimoniales atenta contra los valores religiosos», explica Hadiya, que, al contrario que la gran mayoría de musulmanas, se había mentalizado para cruzar la línea roja y pasar por ese calvario. Estaba dispuesta a desafiar a la religión islámica, y a perder el respeto colectivo. «Quería tener mi bebé», dice mientras un torrente de lágrimas le corre por las mejillas.

Alto riesgo

Cuando concedió la entrevista a EL PERIÓDICO solo habían pasado dos días de la interrupción del embarazo. Su rostro estaba cansado y destrozado por haber perdido a su hijo en contra de su voluntad y por haber arriesgado mucho. «Podría estar ahora estéril o muerta», asegura, consciente de lo sucedido.

Alrededor de 150 mujeres fallecen en centros donde la práctica del aborto se hace sin higiene y utilizando métodos muy pocos ortodoxos. «No solo lo hacen ginecólogos, también otros médicos, enfermeros, cualquiera coge un bisturí y pone en peligro a la madre», denuncia Chafik Chraibi, ginecólogo y presidente de la Asociación Marroquí de Lucha contra el Aborto Clandestino. Defiende el aborto libre como única solución para echar el cerrojo a las clínicas que no cumplen con la ley y para acabar con la alta mortalidad maternal. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 13% de la mortalidad maternal en Marruecos está relacionada con el aborto. «Todos los días recibo a una mujer con hemorragia o infección», explica Chraibi.

Sus declaraciones a favor de la educación sexual en las escuelas y de la píldora del día después, que tras varios años de debate las autoridades han permitido, levantaron la ira entre los grupos más radicales. Tiene muy mala prensa en los diarios conservadores, próximos a los islamistas moderados del PJD.

Más de un ulema querría que Alá lo castigara por «incitar a la mujer a cometer una barbaridad humana». Pero los clérigos ni comen ni dejan comer. «No al aborto y sí al rechazo de la embarazada soltera. ¿Esto qué es?», afirma María. Para esta joven de Casablanca, intérprete, de nombre español, pelo rubio y aspecto moderno, «las mujeres con dinero se van a abortar fuera de Marruecos por miedo a las represalias».

En el reino alauí está prohibido abortar salvo en los casos en que la vida de la mujer corra peligro. Ni siquiera está permitido cuando se ha producido una violación o el bebé sufre una malformación, lo que, según el doctor Chraibi, se produce con mucha frecuencia. Si las autoridades descubrieran a Hadiya, la pena que le correspondería es de entre seis meses y dos años de cárcel. Para quienes practican el aborto, la condena puede ser de hasta cinco años de prisión, y llega a 20 si la paciente muere.

Inhabilitación

Si además se demuestra que la persona que realizó el aborto lo hace habitualmente, la pena se dobla; y si el inculpado es médico dejará de ejercer la profesión para el resto de su vida. Todos arriesgan, pero como no hay ninguna caza de brujas en Marruecos, en muy raras ocasiones la policía logra desmantelar estas clínicas clandestinas y atrapar a los implicados.

Jamal Hadik pagó por la interrupción del embarazo de su novia casi 300 euros. «Fue un accidente y yo lo quería afrontar, pero ella tenía mucho miedo», comenta. No todos los hombres son cómplices. El joven Bahía no se enteró hasta el día en que su pareja le pidió 200 euros para satisfacer unas supuestas deudas. «Estuve un mes sin saber de ella y luego una amiga me dijo que había abortado. Estaba casada y yo era su amante», explica.

Fuente: El Periódico de Cataluña

28 junio 2009



 



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