Igualdad y derechos en el Mediterráneo. Las mujeres y los muros invisibles de la exclusión

Por Rosa Cobo. Conferencia Encuentro de Toledo

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Existen muros que se ven y a los que es muy fácil ponerles palabras, como el muro de la vergüenza que ha construido Israel para controlar, aislar y guetoizar a los Palestinos y también los muros que tenemos nosotros en Ceuta y Melilla, que son muros visibles síntomas de determinadas políticas que producen efectos trágicos. Y no son los únicos que hay. Existen muros que no son físicos y sin embargo son devastadores porque son muros que producen exclusión y desigualdad en grandísimas dimensiones. Enumeramos algunos: el muro de la raza, el muro de la lengua, el muro de la cultura, de la religión, el muro de la pobreza, el muro del género... Sin ningún lugar a duda, el muro del género es el muro que articula realmente todas las desigualdades y todas las exclusiones. Y hablaré de la exclusión y de la desigualdad porque tiene más dimensiones que las que tiene la exclusión.

Todos estos conceptos que he llamado “muros”constituyen la hipótesis de trabajo de partida. Tanto en las sociedades del Primer como en del Tercer Mundo, todos los individuos, hombres y mujeres, pero en particular las mujeres vivimos en un cruce múltiple de sistemas de dominación que se traducen en muros materiales y simbólicos y producen exclusión y opresión. Y quería hacer algunas observaciones sobre tres muros que me parecen muy pertinentes aquí, en el contexto de este Encuentro: el muro de la pobreza, que es insoslayable hasta en el Primer Mundo cuando pensábamos que era un tema casi marginal dentro de las discusiones políticas y que en el Primer mundo se ha convertido en los últimos 15-20 años otra vez quizás en el punto fundamental de lo que es una agenda política de izquierdas y una agenda política de transformación social.

Pero no el muro de la pobreza solo, también el muro de la cultura y estamos en un espacio muy pertinente para entender que la cultura es, se puede ver y tiene muchas dimensiones pero que en muchas ocasiones para las mujeres se convierte en una excusa de opresión y desigualdad. Finalmente hablaré de este tercero muro que es el género.

Desde luego, para empezar con la pobreza creo que no podemos hablar sin remitirnos a una realidad que podríamos llamar de muchas maneras y de forma muy correcta la globalización neoliberal o neoliberalismo a secas y que significa que casi en todo el planeta se están aplicando unas políticas que tienen una característica inherente a estas políticas que es lo que el sociólogo Manuel Castell llama una lógica excluyente.

Parece muy abstracto hablar de política neoliberal pero todas y todos sabemos muy bien que estás políticas se resumen básicamente en dos sentidos. Por supuesto tienen sus tecnicismos y son programas de ajuste estructural muy complejos. Sin embargo siempre significan la reducción y los recortes de políticas sociales. Esto es una de las lupas esenciales que nos ayudan a entender lo que ocurrió en los ciudades francesas. La reducción casi drástica de las políticas sociales para muchos colectivos que son precisamente aquellos colectivos que no tienen voz o que tienen menos voz. Cuando en un Estado se aplican políticas neoliberales siempre el programa comienza aplicándose a aquellos colectivos que tengan menos posibilidad de defenderse: los que no tienen papeles, quienes no manejan los códigos del país... Después esto va en ascenso, se sigue con otros colectivos que no tienen voz y no tienen voto como las/ los inmigrantes por supuesto. Y se sigue dando pasos y se llega a aguar por completo a las clases medias en grandes zonas del mundo, como por ejemplo en América Latina.

Lo cierto es que no son solamente los recortes de política social los que pueden explicar la pobreza. Aparece otro elemento, también fundamental, también inherente al neoliberalismo que son los intensivos programas de privatización. El capitalismo neoliberal aplica estrategias que significan que el mercado está alcanzando zonas que antes no estaban sometidas a las leyes del mercado. Tienen efectos perversos para muchas zonas del planeta y para ciertos colectivos sociales en el sentido explicito que generan exclusión para los que no tienen acceso a los recursos informacionales. También empobrecen a quienes no tienen la cultura necesaria para integrarse en el nuevo y polarizado mercado laboral actual, del cual ha hablado aquí Ana Corral.

La globalización neoliberal crea grandes bolsas de pobrezas que están en el origen precisamente de la llegada de inmigrantes en el Primer mundo. Pero creo que es enormemente importante entender que las políticas neoliberales no tienen como único efecto el ahondamiento de la desigualdad entre el primer y tercer mundo. Tienen un alcance mucho mayor y unas dimensiones de intensificación mucho mayor que están ahondando la desigualdad en cada país, del primer y del tercer mundo. El Katrina en EEUU, ese ejemplo de humillación histórica a un país que habíamos tematizado como el país hegemónico del mundo, después de muchos años de aplicación de políticas neoliberales, de muchos años en que tanto los demócratas como los republicanos habían entendido que la política debía de ser bajar los impuestos se llega al resultado de que no hay suficiente dinero para poder reconstruir a una ciudad destruida. Y en el mismo sentido, hablando de bolsas de pobreza, de esas diferencias, de eso muro de desigualdad que se está creando en cada país, podría ser interpretado lo que ocurrió en Francia. El muro de la pobreza es un muro fundamental para entender como es el mundo hoy.

Pero está este otro muro infranqueable o por lo menos que tiene pocas grietas que es el muro de género. Es que la pobreza y las políticas neoliberales tienen un rostro mayoritario y ese rostro solamente puede ser identificado, analizado y entendido en toda su complejidad si aplicamos un análisis feminista. En 1996, el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD decía que sobre 10 pobres en el mundo, 6 a 7 son mujeres. Las mujeres teníamos únicamente el 1% de la propiedad mundial. La tasa de analfabetismo mundial duplicaba la de los varones... El trabajo gratuito que hacemos las mujeres dentro del hogar es el trabajo del que ha abdicado el Estado o que el Estado nunca ha llegado a asumir, como el cuidado a personas dependientes, todas las tareas de reproducción y todo este trabajo es equivalente al 40% del PIB de los países industrializados.

La idea es la siguiente: las políticas neoliberales no actúan nunca de forma neutra sobre una sociedad. Golpean con mucha mayor dureza a los colectivos más vulnerables socialmente. Y el primero que identificamos es el de las mujeres. El segundo es el de los inmigrantes. Las mujeres nos estamos empobreciendo en todos los países del Primer y Tercer Mundo.

Ya las mujeres europeas y el movimiento feminista europeo que ha vivido el sueño que era posible la emancipación en el primer mundo, ha tenido que renunciar al sueño de la emancipación para asumir que no se puede soslayar el tema de la pobreza, porque la pobreza del 80% de las mujeres del mundo compromete de una manera muy directa y muy precisa a este 15-20% de mujeres del Primer mundo. De modo que si tuviésemos que hacer - y lo tenemos que hacer simplemente porque no hay alternativa de no hacerlo - un agenda de cuales son las grandes tragedias por decirlo también de esta forma, y al mismo tiempo cuales son los grandes objetivos políticos de las mujeres articuladas políticamente en asociaciones de mujeres y en movimientos feministas, tendríamos que decir que la pobreza y la violencia son esos dos fenómenos que nos colocan en una posición que hace, creo, un poco flojo utilizar por ejemplo el concepto de segundo sexo que utilizó Simone de Beauvoir. Tendríamos que redefinirnos en una clave mucho más radical. No estamos ya siendo siquiera el segundo sexo. Estamos en unas condiciones de inferioridad y de subordinación y de pobreza muchísimo más significativas y profundas de lo que las mujeres del Primer Mundo hemos pensado que podría ocurrir.

¿Por qué las mujeres nos estamos empobreciendo más? Por dos razones. En primer lugar porque allá donde se recortan las políticas sociales ahí aumenta el trabajo gratuito y no remunerado de las mujeres. Aquellas tareas de las que el Estado decide abdicar siempre son trasladadas a la familia y dentro de la familia, somos las mujeres quienes asumimos estas tareas. El aumento del trabajo gratuito provoca una cadena de efectos inmensa y el segundo elemento de nuestro empobrecimiento es que, es verdad, está aumentado la tasa de inserción laboral de las mujeres, sin ninguna duda en el primer y tercer mundo. Pero nos estamos insertando en un mercado de trabajo que es un mercado de trabajo nuevo, que no existía hace 20 años, que es un mercado de trabajo profundamente polarizado entre hombres y mujeres.

Es un mercado de trabajo en el que hay una crisis evidente de los sindicatos porque han cambiado las condiciones en las que se movían los sindicatos como sujetos colectivos, porque estamos viviendo un momento de perdida de derechos laborales que está siendo tematizado con este concepto tan perverso y horroroso de “flexibilidad laboral”, que significa que estamos perdiendo lo que habíamos conseguido hace años y porque este mercado laboral las mujeres estamos asumiendo aquellas tareas que están peor pagadas, más precarizadas y aquellas tareas que están desvalorizadas.

No sería justo, aunque soy feminista, decir que somos las mujeres únicamente un colectivo socialmente muy vulnerable. Tendríamos que hablar por supuesto también del colectivo de inmigrantes y asumiría el concepto y análisis de la socióloga norte americana Saskia Sassen cuando se refiere a los inmigrantes que llegan a EEUU y para poder definirlos bien habla de nuevas clases de servidumbre. Las y los inmigrantes que llegan están realizando trabajos en unas condiciones que no tienen nada que ver con la Europa que se diseño a partir de la 2da guerra mundial y que fue el resultado de aquel pacto social que hizo la derecha económica y la izquierda sindicalista y política. Han cambiado las condiciones y dentro de las condiciones que han cambiado han perdido los trabajadores, hemos perdido las mujeres y se ha integrado un nuevo segmento de población que no solamente ha perdido sino que se ha situado en una nueva situación de servidumbre.

Esta realidad después tiene unos efectos que yo calificaría de catastróficos en nuestras sociedades democráticas. Parece que no se ve pero que sin embargo los próximos años lo vamos a ver en sus dimensiones más trágicas. Es que se está produciendo dos tipos de ciudadanía, la ciudadanía de quienes somos de aquí, de los autóctonos y la ciudadanía de los de fuera, que es una media ciudadanía para decirlo de otra forma. Quiero decir con esto que la única manera políticamente decente de entender el tema de la inmigración es sacarlo del terreno de los gobiernos europeos, lo del terreno de los problemas de la seguridad para introducirlo en el ámbito de la ciudadanía. Yo creo que es el asunto clave.

Las y los inmigrantes están poniendo a Europa ante una situación que es completamente inédita. En el siglo XIX se planteó todo el problema del sufragismo para que las mujeres consíguesemos el voto. Conseguimos el voto con muchísimo dificultad. En España no lo conseguimos hasta el año 1931. Hay países como Francia donde se consiguió después de la 2da guerra mundial. En Europa, en los últimos años hemos vivido con muchas certidumbres y teníamos la convicción de que ya no iba a existir más que una sola clase de ciudadanos y ante nuestra estupefacción nos encontramos que ese ensanchamiento de la democracia que habíamos hecho las mujeres vuelve a ser otra vez cuestionado y vuelven a aparecer nuevos colectivos de ciudadanos que tampoco tienen el derecho de voto y que no tienen otros muchos derechos sociales. El año pasado, el colectivo de inmigrantes en este país ingresa en las arcas del Estado el doble de lo que percibió. De modo que sí es ciudadano para contribuir, sí es ciudadano para prestar tareas pero no es ciudadano para votar ni para beneficiarse de los derechos políticos, de los derechos civiles, de los derechos sociales.

No sería correcto intelectualmente y tampoco políticamente hablar de los inmigrantes en bloque. Es efectivamente un colectivo con un gravísimo problema de déficit de derechos y unas condiciones de vida de cómo dice Saskia Sassen “nuevas clases de servidumbre”. Pero resulta que los inmigrantes tienen sexo, hay varones y mujeres y no viven igual los hombres y las mujeres inmigrantes, de la misma forma que no vivimos igual las mujeres y los varones autóctonos de este país. Las mujeres autóctonas cobramos un 30% menos por los mismos tipos de trabajo.

Tenemos una representación política que yo calificaría de muy mermada. No estamos en ningún poder fáctico, no tenemos prácticamente propiedades en relación a lo que tienen los varones. Estamos en una situación de desigualdad lo suficientemente relevante como para que exista un movimiento feminista que tiene motivos para seguir analizando y para seguir haciendo acciones políticas. Pero de la misma forma que los varones y las mujeres de este país como de todo los países de Europa tenemos una igualdad de derecho formal pero no disponemos de los mismos recursos realmente ocurre lo mismo con los hombres y las mujeres inmigrantes.

Las mujeres inmigrantes están sometidas a la explotación económica del país de destino, a la falta de respeto social pero también a la subordinación y a la violencia que les imponen los varones de su propia comunidad. Y esto no es un detalle irrelevante, es un detalle lo suficientemente relevante como para que sea un elemento más que contribuye a hondar eso que llamamos “nuevas clases de servidumbre”.

Las mujeres inmigrantes no solamente constituyen nuevas clases de servidumbre en tanto pertenecen al colectivo inmigrante sino también en cuanto que están sometidas a prácticas de dominio y de explotación por sus maridos, compañeros etc. La cultura y la religión se convierten en demasiadas ocasiones en excusas de dominio y en excusas de control. La prohibición de hacer gimnasia, la imposición del velo entre niñas y mujeres árabes y musulmanas es otro ejemplo de la ley que imponen muchos varones a las mujeres de su comunidad. Produce aversión verlo porque significa una vulneración demasiado explicita de los Derechos Humanos. Los matrimonios concertados frecuentemente entre niñas de 15-16 años con hombres maduros que les sacan de sus institutos para irse a sus países de origen o las mutilaciones genitales son ejemplos rotundos de este dominio y control en el nombre de una cultura y que sin embargo no responde a los criterios de esa cultura sino a los criterios de los intereses de los varones de su propia comunidad.

Yo creo que es absolutamente necesario ver como el muro de la pobreza, el muro de la cultura y el muro del género con una especie de armonía preestablecida se alían para hacer otro muro más fuerte, más impenetrable que las mujeres inmigrantes y las autóctonas, las mujeres del primer mundo y las mujeres del tercer mundo tenemos que derivar y solamente podemos hacerlo juntas. Y un encuentro, un foro como este en el que estamos, pues ésta es una de las orientaciones que tiene.

El movimiento feminista tiene pendiente un debate, y no solamente el movimiento feminista, también lo tiene la izquierda y con muchísimos motivos, que es el debate de la estrategia. No será que no necesitamos pensamientos estratégicos y no será que no necesitamos estrategias a corto, medio y largo alcance. Pero yo creo que tenemos dos armas. Primero, los DDHH. Creo que los Derechos Humanos han de ser revisados., se hicieron en el año 1948 y ha llovido demasiado y algunas lluvias han sido ácidas como para que no hagamos una revisión de los DDHH. Sin ninguna duda pero de momento constituyen el referente moral y político que sirve para privar de legitimidad cualquier practica de violencia o cualquier práctica de exclusión. Pero no es suficiente con los DDHH, no es suficiente con esta “tabla de mínimos” de la que habla Amalia Valcárcel.

Tenemos también las mujeres de los dos lados del mediterráneo, las mujeres del primer mundo y las mujeres del tercer-mundo, las mujeres de España y de América Latina, tenemos que tener la suficiente imaginación - y esta palabra no responde exactamente a lo que quiero decir -, tenemos que tener la suficiente lucidez y la suficiente cabeza como para construir espacios interculturales, espacios de encuentro para que podamos hacer pactos políticos entre todas nosotras para poder hacer fisuras o para poder introducir grietas en ese muro que si algo hemos comprobado es que se ha demostrado muchísimo más sólido de lo que hace algunos años pensábamos que era.

Por supuesto que las mujeres, históricamente, hemos avanzado cuando hemos establecido alianzas y las alianzas que hemos establecido las mujeres han sido las más complicadas y difíciles de toda la historia. Cuando en el siglo XIX nos pusimos a militar en el movimiento sufragista para conseguir el voto, lo primero que hicimos fue ayudar a los negros a que consiguiesen el voto y después las mujeres sufragistas dijeron: bueno, ha llegado nuestro momento. Y los negros se desentendieron del asunto porque tenían mucho miedo a que su voto, que aún era precario, se pusiese en cuestión. De modo que tenemos todo el derecho del mundo las mujeres feministas a aplicar el principio de la sospecha sobre con quien vamos a pactar, porque en muchos pactos nos ha salido “el tiro por la culata”. También es verdad que ha habido otros derechos, otros avances que no se pueden conseguir sin los varones, que no se pueden conseguir sin establecer alianzas con otros colectivos sociales.

Creo que el problema de las alianzas ahora mismo es un problema clave, para el feminismo y también para la izquierda que ha perdido el rostro que tenía hace 25 años. Ahora el panorama de la izquierda es otro, ahora los partidos han perdido bastante legitimidad, o por decirlo de otra manera, no son los únicos agentes políticos de transformación social. Hay otros movimientos sociales, sin ningún lugar a duda. Está todo el movimiento alrededor de las ong’s, de todo el asociacionismo, de todo este fenómeno que Lida Chirilo, la marxista italiana llamó “El Movimiento de los Movimientos” que se articula entorno a esto de “Otro mundo es posible”.

Tenemos que hacer alianzas y la verdad, no tengo ni la más mínima idea sobre como hacerlo. Lo que si creo es que el feminismo en Europa, ahora mismo está volviendo a temas de reflexión y a temas de practica política en los que estaba el feminismo de los años 1970. En los 70 existían Estados de Bienestar, habíamos conocido lo que se llamó “el rastro humano del capitalismo” - en España no pero sí en lo que es hoy la Europa comunitaria : derechos sociales, sistemas de pensión, de educación gratuita, de salud pública...

Este modelo del Estado de Bienestar, ese pacto social está completamente desactivado y con el mismo también se ha desactivado aquel del cual no se hablaba, el pacto inexplícito, el patriarcal que estaba dentro y que había consagrado la figura del varón como el “proveedor universal”. Consistía en que los varones ganaban un salario que alcanzaba para mantener a toda la familia y que las mujeres hacían el trabajo gratuito, dentro del hogar.

Este pacto patriarcal se ha desactivado y las mujeres hemos tenido que entrar de una forma masiva - no del todo masiva pero masiva - en el mercado laboral. Por dos razones. Razones de formación porque la formación cultural siempre desemboca necesariamente en un mercado laboral. Pero también por razones de los propios cambios internos que se han producido dentro del capitalismo. De modo que, como lo he dicho anteriormente, esto se ha traducido en una precarización del mercado laboral, en una perdido de derechos y creo que esto hace que el feminismo en los últimos años haya vuelto a depositar sus ojos otra vez sobre aquellas feministas marxistas de los años 70 y haya introducido como un elemento clave de sus análisis lo que llamaríamos “las políticas de redistribución”, cuando en los años 90 pensábamos que ya había que ir a por otras cosas. Ahora resulta que además de tener que ir a por otras cosas, tenemos que volver a las viejas políticas de redistribución, porque se están produciendo bolsas de pobreza que nunca habíamos imaginado.

Pero hacer pactos entre mujeres de diversas culturas, de diversas clases sociales y de diversas variables no es una cosa fácil. En fin, pactar a la izquierda le ha costado muchísimos años y cuando la izquierda ha tenido que pactar con la derecha ya los años se multiplican y se convierten en siglos. Pero yo creo que a las mujeres nos queda más que dos políticas. La política de la persuasión, la hemos utilizado durante tres siglos y sus resultados son limitados. Y sobre todo la política de la presión. Solamente con políticas de la persuasión y políticas de presión podremos cambiar esa correlación de fuerzas que hoy desde luego no nos es nada favorable y podremos avanzar por lo que estuvimos soñando desde hace tres siglos, por entrar o por seguir caminando por lo que entendemos que era la senda de la emancipación.

Rosa Cobo Bedia.

Profesora titular de Sociología de la Universidad de A Coruña.

Encuentro "Igualdad y Derechos"

Toledo, noviembre de 2005

Programa "Mediterráneas. Incremento de los lazos entre mujeres organizadas del Mediterráneo"

ACSUR-Las Segovias

Mujeres en red

http://www.mediterraneas.org/article.php3?id_article=416

Con el apoyo de la AECI



6 septiembre 2006



 



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