Texto íntegro de la intervención

Zapatero dice en la Cumbre de la Liga Árabe que la barrera contra el fanatismo son las libertades

Los derechos de la mujer, recuerda, son clave pera la prosperidad y la estabilidad

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El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, apostó hoy por la reforma democrática en los países árabes y, en su discurso ante los líderes de la Liga Arabe, afirmó que no se debe "temer a la libertad". Zapatero defendió también los derechos de la mujer como garantía de sociedades estables y prósperas. El presidente del Gobierno intervino como invitado de honor en la sesión inaugural de la XVII cumbre de los jefes de Estado de la Liga Arabe para presentar su propuesta de Alianza de Civilizaciones.

DISCURSO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, DON JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO, EN LA CUMBRE DE LA LIGA DE LOS ESTADOS ÁRABES

Argel, 22 de marzo de 2005

Señor Secretario General, señor Presidente de la República Argelina Democrática y Popular, Majestades, señores Jefes de Estado y de Gobierno, Excelencias,

Permítanme, en primer lugar, que exprese mi profunda satisfacción por poder dirigirme a ustedes con ocasión de esta importante Cumbre. Quiero agradecerles su invitación, que supone para mí un enorme honor, más aún cuando la Liga Árabe celebra su 60 aniversario. Aquí, con ustedes, me siento en casa y entre amigos. Mis palabras son por tanto fruto de la cercanía, del afecto y de la amistad.

Represento a un país, España, que ha sido siempre cruce de caminos y lugar de encuentro de diversas culturas, tradiciones y religiones. Tenemos una identidad múltiple y diversa, con profundas raíces mediterráneas, y la cultivamos porque conocemos y apreciamos su riqueza.

Por ello, aspiramos, como ya hicimos en la célebre Escuela de Toledo y a lo largo de nuestra historia, a ser introductores, traductores y facilitadores de encuentros y diálogos. Creemos que en nuestro mundo convulso y lleno de incertidumbres el entendimiento, la comprensión mutua y el diálogo son hoy especialmente necesarios para superar los serios desafíos a los que juntos nos enfrentamos.

El pensador y pedagogo español Giner de los Ríos señaló que España era "un país en deuda con el mundo, un país que necesitaría devolver a otras naciones siquiera la centésima parte de lo que recibimos de ellas". Con humildad, quizá podamos en los tiempos que corren retornar algo de lo mucho que nuestro país ha recibido de otros a lo largo de los siglos y, en particular, del mundo árabe. Por medio de sus intelectuales, en particular de Averroes, se produjo entre nosotros la recuperación del pensamiento clásico, y a través de sus poetas y sus artistas se alimentó una parte decisiva de nuestra propia sensibilidad.

Señor Secretario General, Excelencias,

Somos hoy especialmente conscientes de la amenaza del terrorismo. Hace sólo unos días conmemoramos el primer aniversario de los terribles atentados que sacudieron Madrid el 11 de marzo de 2004. En esa misma ciudad de Madrid, que con tanta serenidad y entereza afrontó la tragedia de aquella barbarie terrorista, tuvimos ocasión de rendir a las numerosas víctimas de aquel atentado atroz un emotivo homenaje en el "Bosque de los Ausentes"; homenaje que fue honrado con la presencia de numerosos y destacados Jefes de Estado y de Gobierno y otros representantes de los países árabes hermanos.

Apreciamos de corazón que compartieran nuestro dolor, como también lo han hecho todos los líderes y representantes musulmanes de España, que han expresado su solidaridad con las víctimas, al tiempo que han recordado la incompatibilidad de sus fundamentos religiosos con el asesinato.

En los días precedentes al 11 de marzo celebramos también en Madrid una Cumbre sobre Democracia, Terrorismo y Seguridad que reunió a numerosos dignatarios y expertos mundiales, y culminó con un esbozo de consenso internacional sobre cómo afrontar eficaz y conjuntamente el desafío del terrorismo.

Las conclusiones de la Cumbre de Madrid son inequívocas: no hay causa alguna que justifique el terrorismo. Ninguna idea, por legítima que sea, puede servir de pretexto para el asesinato indiscriminado. El terror agrava los conflictos y dificulta su solución. El terrorismo es la negación absoluta de los valores que sustentan la dignidad humana. No tiene cabida, por tanto, en ningún proyecto de sociedad justa

La Historia demuestra que el terrorismo ha sido utilizado en el falso nombre de diferentes ideologías o confesiones religiosas. No es, por tanto, propio de ninguna y no cabe vincularlo con ninguna civilización, cultura o tradición en exclusiva.

El Islam es un pacífico y tolerante elemento de identidad de muchos países y de muchos pueblos. La visión reduccionista que sitúa al terrorismo de manera preponderante en una visión radical y fanática del mismo es un grave error, que pone injustamente bajo sospecha de complicidad a sociedades o colectividades enteras; un grave error que ciega el entendimiento y que sólo conduce a la incomprensión entre culturas.

El agravamiento de las diferencias, de la pobreza extrema y de la discriminación en el mundo actual amenaza con alzar ante nosotros un muro de incomprensión y de recelo. Ese muro perverso es más sutil y grueso que lo fue durante largo tiempo el Muro de Berlín, porque constituye una enfermedad del espíritu, crecen los extremismos y se alían voces predicando el culto y la exacerbación de la diferencia y el desprecio al otro, se difunden continuamente imágenes distorsionadas de otras culturas y religiones.

Señor Secretario General, Excelencias,

Ha llegado el momento de reaccionar y de oponernos a estas tendencias. Los Gobiernos, tanto los occidentales como los árabes, tenemos el deber de no permanecer inactivos presenciando cómo la brecha se hace más profunda.

De una parte, tenemos que actuar decididamente para resolver los problemas reales y superar las enormes desigualdades económicas existentes en el mundo. Mi Gobierno está haciendo un importante esfuerzo para aumentar considerablemente la ayuda española al desarrollo. Asimismo, estamos desarrollando ideas e iniciativas concretas en el marco de la Alianza contra el Hambre para erradicar esta lacra cuya persistencia en el siglo XXI es moralmente inaceptable, además de un factor de inestabilidad insostenible a largo plazo. Estoy absolutamente convencido de que cuantas más personas vivan en condiciones mínimamente dignas, más seguros estaremos todos.

Pero tenemos también que ser capaces de borrar de las mentes los prejuicios y erradicar la intolerancia. Frente a las soflamas, las bombas, la discriminación y la violencia, tenemos que movilizar a nuestros ciudadanos para superar las barreras mentales del pasado y construir un mundo mejor.

Hoy comparezco humildemente ante ustedes con el propósito de presentarles la propuesta para una Alianza de Civilizaciones que expuse ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en otoño del año pasado y sobre la que hemos seguido reflexionando y trabajando conjuntamente con la Secretaría General de las Naciones Unidas y con un buen número de países interesados en participar en esta iniciativa.

El sentido de nuestra propuesta no es, en sí mismo, del todo novedoso. La necesidad de tender puentes de entendimiento entre las diversas culturas de nuestro planeta está presente ya en cierto número de iniciativas que, frente a las peligrosas profecías sobre un inevitable "choque de civilizaciones", abogan, de una u otra forma, por un diálogo constructivo entre las civilizaciones, los pueblos, las culturas y las religiones.

Somos conscientes de que las causas que subyacen a las nuevas amenazas se nutren de dos tipos de fenómenos: de un lado, por el agravamiento de situaciones económicas y políticas manifiestamente injustas; de otro lado, que con frecuencia se apoya y florece en el anterior, por la radicalización y la distorsión de la propia cultura, que se vuelca en sí misma y se constituye en el instrumento excluyente de la salvación propia.

Esa manera de vernos a nosotros mismos es una traición a los valores de todas las culturas. Estamos convencidos de que cada cultura es una forma absolutamente legítima de aproximarse a la realidad y a los ideales de la sociedad humana. Por ello, podemos aspirar a identificar el sustrato común de nuestras ideas y sensibilidades, levantándolo frente a los fantasmas de la intolerancia, la incomprensión y la exclusión.

Queremos, en suma, abrir canales de comunicación y vías prácticas de cooperación entre los pueblos del mundo, de manera que la diversidad no sea percibida como una amenaza, sino como un potencial inmensamente enriquecedor.

Estamos convencidos de que la mejor manera de articular esta propuesta es en el marco universal de las Naciones Unidas, que ya ha dado pasos importantes en este camino y que tiene la necesaria legitimidad. Pretendemos centrarnos en la formación de un amplio consenso internacional en torno a un proyecto de acciones concretas. Nuestro enfoque es pragmático y pretende recoger los resultados de iniciativas anteriores.

Estamos abiertos a las aportaciones que otros países y amigos quieran hacer y, por nuestra parte, sugerimos que nos centremos en dos ámbitos de especial trascendencia: el político y de seguridad, y el cultural y educativo.

Los esfuerzos en el campo político y de seguridad han de buscar la consolidación de un orden internacional más justo y pacífico, pues sin justicia y paz no puede haber estabilidad y progreso, y difícilmente podremos hacer frente a las amenazas a nuestra seguridad. Debemos trabajar para conseguir un sistema multilateral eficaz, basado en el respeto al Estado de Derecho, la promoción de los valores democráticos y el fortalecimiento de nuestras instituciones comunes.

En el ámbito cultural y educativo es también mucho lo que podemos hacer para sembrar concordia, promover diálogos y prevenir la discriminación y la violencia. Debemos prestar especial atención a los medios de comunicación y a la crucial labor de nuestras escuelas.

Deseamos que la propuesta para una Alianza de Civilizaciones que propugnamos no quede circunscrita a un determinado problema o a áreas territoriales concretas. Es necesario que todas las concepciones del mundo participen también junto a nosotros en esta tarea común.

Perseguimos un objetivo compartido, superar el desencuentro entre el mundo occidental y el islámico, tomando para ello la iniciativa e incorporando en esta empresa a representantes de otras civilizaciones.

Estas cuestiones están siendo abordadas en otros foros, pero falta la dimensión global que sólo las Naciones Unidas pueden ofrecer. Estamos trabajando intensamente con el Secretario General de Naciones Unidas con vistas a la formación de un Grupo de Alto Nivel que tenga un mandato claro y preciso. Se trata de reunir a un conjunto de personalidades internacionales que estudien detalladamente los factores que han generado la fractura internacional, con el objetivo de formular medidas políticas concretas que sirvan para que las Naciones Unidas puedan aportar soluciones eficaces a la situación creada.

El proceso ya está en marcha. Quiero ahora pedir a los países miembros de la Liga de Estados Árabes, cuya contribución es fundamental, que colaboren activamente en este empeño, para que pueda fructificar en un plan concreto de acción en el marco de las Naciones Unidas.

La Alianza de Civilizaciones es un proyecto de largo alcance, que debe necesariamente complementarse con esfuerzos inmediatos para dar solución a los conflictos que desgarran a muchos pueblos.

Señor Secretario General, Excelencias,

No podemos permitir que una nueva generación de palestinos se ahogue en la desesperanza por no poder labrarse dignamente su futuro en un Estado independiente y libre de la ocupación. Ahora más que nunca, tenemos que apoyar, todos juntos y sin descanso, los esfuerzos del nuevo liderazgo palestino por conseguir una paz justa con Israel. Los riesgos a los que se enfrenta el Presidente Mahmud Abbas son enormes y necesitará de nuestra ayuda para superar los obstáculos del camino.

Si hablamos de paz, tenemos la obligación moral de exigir el abandono total de la violencia, pues su continuación no traerá más que sufrimientos, perjuicios y retrasos para la legítima causa del pueblo palestino. El pueblo palestino está cansado de la violencia y de la desesperación que ella provoca. El pueblo palestino, como todos los pueblos, quiere la paz, pero una paz justa y viable, que reconozca sus derechos y sus legítimas aspiraciones a un Estado independiente.

España está decidida, dentro de la Unión Europea, a aprovechar la nueva oportunidad para la paz, apoyando el Plan de Desenganche de Gaza del Gobierno israelí, en las condiciones estipuladas por la Unión Europea y en el marco de la "Hoja de Ruta", que sigue siendo referente fundamental.

Egipto, Jordania y otros países árabes están trabajando de forma muy concreta para resolver, de una vez por todas, la cuestión palestina, que constituye un foco de inestabilidad y de violencia para toda la región. La Liga de los Estados Árabes puede también contribuir notablemente a alcanzar una paz justa y definitiva, concretamente relanzando la iniciativa árabe aprobada en la Cumbre de Beirut, a instancias de Arabia Saudí, que ofrecía la paz y la normalización de relaciones con Israel.

Señor Secretario General, Excelencias,

Nadie es más valiente que quién arriesga por la paz. Seamos, pues, valientes, para conseguirla ahora. Desgraciadamente, otras naciones sufren también en estos momentos la violencia y el conflicto.

El pueblo iraquí se merece un futuro de estabilidad, prosperidad y libertad. También aquí debemos colaborar sin fisuras, y en primer lugar todas las comunidades y grupos políticos iraquíes, con el fin de construir un Estado en el que rija la Ley y se respete el Derecho Internacional; un Estado en el que todos, incluida la importante comunidad sunita, tengan cabida, independientemente de su origen o credo religioso.

Debemos también apoyar la decisión del Presidente Bashar Al Asad de retirar tropas sirias del Líbano, cumpliendo así con los Acuerdos de Taif y la Resolución 1559 del Consejo de Seguridad. Es fundamental que todos respetemos el Derecho Internacional y contribuyamos a asegurar la puesta en práctica de todas las Resoluciones de Naciones Unidas.

El Norte de África es la tierra árabe más cercana a España: cercana en la geografía, en las raíces vitales y en la historia compartida. El conflicto del Sahara Occidental es uno de los principales obstáculos al proceso de integración regional del Magreb y al pleno desarrollo de la Unión del Magreb Árabe. Desde el primer momento, mi Gobierno ha deseado abordar esta cuestión con una gran dosis de responsabilidad política, queriendo contribuir activamente a la búsqueda de una solución justa y definitiva a un problema que dura ya treinta años y que se ha convertido en un lastre para la plena estabilidad y desarrollo regionales.

El Gobierno español pretende aportar su capacidad de interlocución con las partes, con los Estados vecinos y con otros países con legitimo interés en una solución pacífica y de acuerdo del conflicto, a fin de acercar posiciones y procurar que se alcance el tan ansiado acuerdo entre las partes.

Señor Secretario General, Excelencias,

Digámoslo alto y claro: no hay incompatibilidad alguna entre la democracia y el mundo árabe, como nos recuerdan los procesos electorales celebrados más recientes en Iraq y Palestina, a pesar de las muchas dificultades que a veces concurren para su celebración. Así lo atestiguan también los alentadores avances de las libertades y las reformas políticas en curso en numerosos países árabes. Son reformas dirigidas a mejorar el respeto a los derechos humanos, a consolidar el Estado de Derecho, a mejorar la libertad de prensa, a garantizar el respeto a las creencias religiosas de cada persona... Reformas encaminadas, en fin, a que todos los ciudadanos puedan disfrutar de sus derechos individuales fundamentales.

Avanzar en esta dirección es un deber, pero también la mejor garantía a largo plazo para la estabilidad política, el desarrollo económico y el progreso social. No debemos temer a la libertad. Ejercida en el marco del Estado de Derecho, la libertad es la mejor barrera contra la intolerancia y el fanatismo.

El ejemplo más claro es la situación de la mujer. Cuantos más derechos tiene reconocidos la mujer en una sociedad cualquiera, más estable, más próspera y más educada es esa sociedad. En este sentido, mi Gobierno está haciendo considerables esfuerzos para mejorar la calidad de vida de las mujeres de manera tangible. Se trata de una tarea esencial que a todos nos concierne y que no puede ser postergada por más tiempo.

Las reformas en curso en algunos países árabes son respuestas democráticas surgidas desde la propia sociedad árabe, son cambios percibidos como necesarios por los pueblos y los gobernantes árabes. No hay lugar en este terreno para las imposiciones; al contrario, tenemos que crear dinámicas comunes a partir de ideales compartidos. A través del diálogo, el debate y el respeto mutuo, tenemos que alcanzar objetivos que sean beneficiosos para todos nosotros, sin exclusiones, y de los que se desprendan ventajas que todos puedan percibir.

Este espíritu de diálogo y partenariado es el que anima también al Proceso Euro-Mediterráneo de Barcelona, que cumple este año su décimo aniversario.

El Mediterráneo es muy importante para Europa, tanto como Europa lo es para los países árabes del Mediterráneo. Para conmemorar el décimo aniversario del Partenariado entre Europa y el Mediterráneo, la ciudad de Barcelona acogerá el próximo mes de noviembre una Cumbre que constituirá un punto de partida de nuevas ideas e iniciativas, sobre la base del aún vigente mensaje de colaboración, solidaridad y respeto que inspira el Proceso de Barcelona.

Tenemos una buena oportunidad para hacer una evaluación crítica de su andadura y sus resultados durante estos diez años, que deben servir para relanzarlo de forma decidida, con contenidos renovados y ajustados a los nuevos tiempos y nuevos retos.

Señor Secretario General, señor Presidente Buteflika, Excelencias,

Permítanme también hacer referencia a otra conmemoración, en este caso, al sexto Centenario del fallecimiento del gran andalusí Ibn Jaldún, recordando unas palabras suyas que se antojan absolutamente pertinentes para la ocasión que nos ocupa: "Aquel que hace la Historia debe conocer las reglas de la política, la naturaleza de las cosas existentes, las diferencias entre las naciones, los lugares, las épocas, las conductas humanas, los caracteres, las costumbres, las creencias, las doctrinas y todo lo que rodea la vida de los hombres. Debe establecer todas estas cosas para que el presente haga resaltar las concordancias y los contrastes con el pasado, explicando las similitudes y diferencias".

Quiero concluir haciendo de nuevo un llamamiento a que aunemos esfuerzos para sumar y no restar; para construir en vez de derribar; por la colaboración en vez de la confrontación; por el respeto frente a la intolerancia, y por el diálogo frente a la imposición. Hagamos ese profundo esfuerzo de conocimiento mutuo, que nos permita construir un presente y un futuro mejores.

Excelencias,

La identidad no es lo que fuimos, ni lo que creemos que somos; la identidad es cómo miramos al mundo. España y Europa quieren mirar al mundo con voluntad de entendimiento y de concordia. Sumemos nuestra identidad para que exista una sola mirada al mundo: la mirada de la igualdad y el respeto.

Muchas gracias.

Fuente: Palacio de la Moncloa la-moncloa.es



22 marzo 2005



 



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